jueves, 12 de abril de 2012

Un juego peligroso



Era un día caluroso en agosto en el pueblo de Zamboganga, de la Islas Filipinas. Un grupo de amigos decidieron tomar unos tragos para aguantar el calor y el aburrimiento. Como era de esperar, pronto el alcohol comenzó a tomar efecto y al paso de tiempo todos estaban embriagados.

En este estado, el juego de barajas no ofrecía la emoción que buscaban los ahora bochornosos compañeros. Uno de los hombres sacó algo que tenía en su casa escondido por mucho tiempo; era una granada. En esto se le ocurrió una idea para un juego que todos pensaron que sería una emoción máxima: Tirar la granada a un compañero, sacar el alfiler de seguridad, ponerlo de nuevo y tirarlo a otro camarada.

Con las manos torpes con la ebriedad, pasó lo inevitable. La granada se cayó la las manos de uno después de haber sacado el alfiler. La bomba rodó bajo una silla y todos saltaron para encontrarla. Fue en este momento que el artefacto se explotó con violencia en las caras de todos matando a cuatro al instante y dejando gravemente heridos a cinco. Estoy seguro que estos hombres tenían una idea que lo que estaban haciendo era peligroso, pero aparentemente no lo tomaban tan en serio para saber que sus vidas se iban a terminar o ser drásticamente alteradas este mismo día.

Hay personas que nunca se han enterado del hecho de que las cosas de Dios no son juguetes. No han tomado en serio el hecho de que Jesucristo nos ha llamado para dar nuestras vidas para Él. El pensamiento de resistir hasta la sangre en nuestra lucha contra el pecado es inconcebible para ellos (Hebreos 12:4). Pero Cristo no estaba bromeando con nosotros cuando nos llamó para servirle con todas nuestras vidas.

Ananías y Safíra eran dos personas que pensaban que la obra de Dios era un club social donde uno ganaba una posición de autoridad y comodidad cuando dejaba una impresión favorable. Ellos buscaban una oportunidad para tener sus quince minutos de fama y consideraban la iglesia como un buen lugar para lograr sus objetivos. Para ellos era un juego, pero pronto se dieron cuenta que Dios no estaba jugando con ellos.

Jesucristo no derramó Su sangre para que pudiéramos jugar a la religión con ella. Lo hizo porque sabía bien la realidad de la eternidad. Si pudiéramos ver esta vida desde la perspectiva de la eternidad ¿Cómo cambiarían nuestras prioridades? Cada vez que dejamos a un lado las cosas de Dios para seguir las cosas que no tendrán ningún valor un segundo después que cerremos los ojos en la muerte, escogemos escribir nuestros nombres en el polvo.

Todos los muertos ahora se dan cuenta que Jesucristo hablaba en serio cuando dijo que un día juzgaría a los vivos y los muertos con Su Palabra. Es hora de tomar a pecho la Palabra de Dios. Dios te ha llamado a servirle.

EL MUNDO TIENE MUCHAS RELIGIONES PERO UN SOLO EVANGELIO

(II Corintios 6:2) pues Él dice: En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación.

Fuente: Entre Cristianos

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