martes, 22 de noviembre de 2011

El descuido


El descuido
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18 de Noviembre del 2011
“Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él... Y no queriendo él irse, lo hirió Abner... y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio”, 2 de Samuel 2:20-23.
“¿Había de morir Abner como muere un villano? Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos; caíste como los que caen delante de malos hombres. Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él”, 2 Samuel 3:33-34.

Esta endecha se hace sobre un general, un príncipe de Israel, un hombre con una capacidad tremenda para la guerra. Un joven llamado Asael, (hermano de Joab y Abisaí, sobrinos de David) tenía cualidades de guerreros especiales: salió corriendo detrás de Abner hasta alcanzarlo. Abner le advirtió diciéndole que no lo siguiera, que se apartara de él, de otro modo tendría que matarlo, y entonces no podría levantar el rostro delante de su hermano Joab. Pero Asael no quiso apartarse, Abner lo hirió con la lanza y cayó muerto.
Asael miró a Abner y consideró que por la edad madura de éste, él podría vencer. Se le olvidó que los generales no son jóvenes, sino hombres que han llegado a esa posición, madurados en las batallas, curtidos en los combates, diestros en la guerra.Abner no alcanzó el rango de general por simpatías o favoritismos, llegó a este grado porque tenía un recorrido de victorias. Si alguien llega al grado de general, es porque no lograron matarlo siendo soldado, ni tampoco cuando fue ascendiendo de grado.Asael pensó que como el general ya no era tan joven, podía alcanzarlo y matarlo, veía esto como una empresa fácil. Abner le advirtió: “echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti de sus despojos”, pero Asael no le escuchó, pensó que como lo había alcanzado también podría matarlo.
Sin embargo en 2 de Samuel 3:33-34, se hace una endecha sobre él, esta es la endecha del descuido. “¿Había de morir Abner como muere un villano? Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos”. ¿Cuál fue el problema de Abner? Él sabía que Joab era su enemigo, desde el mismo momento que acabó con la vida de Asael, sabía que Joab y Abisaí serían sus enemigos. Él mismo había confesado: “¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?” Todo esto Abner lo sabía con anticipación, y si él lo sabía ¿por qué Abner muere en las manos de Joab?
Abner fue a visitar a David para conseguir arreglos diplomáticos entre la casa de Saúl y el reino de Judá; llegó hasta David en paz y se fue en paz. Cuando Joab llegó a la ciudad y se enteró de que Abner había venido a David, y se había ido sin que nadie le molestase, mandó llamar a Abner sin que David lo supiera, y pretextando tener un mensaje para él, lo llevó aparte y lo mató. Abner no vino con sus guardaespaldas, fue sólo, sabiendo el peligro que corría, se descuidó al pensar que Joab no lo mataría estando en el reino de David.
El descuido nos puede jugar una mala pasada, no se puede confiar en el enemigo, siempre se atreverá a atacarnos haciendo lo que no esperamos. Cuando somos conscientes de que el diablo anda alrededor como un león rugiente, ¿por qué entonces se descuida el cristiano? Sabemos de antemano que hay cosas que nos hacen daño, que hablar con ciertas personas nos perjudicará, que es peligroso detenerse con tal o cual persona, que si no nos apartamos de esa senda seremos traspasados, pero nos descuidamos hasta que de repente se oye la endecha: “Abner si tú eras un general, ¿cómo moriste como un villano, por qué caíste?” ¿Por qué cae un hombre o una mujer de Dios si sabía de antemano donde estaba el problema, donde lo iban a matar?
Tendría que haber entrado en la presencia del Señor para ayunar, orar y buscar en la Palabra de Dios la salida, rodearse de gente que lo pudiera socorrer. Hay quienes están avisados, sienten en el corazón la alerta divina, sea creyente o ministro, saben que Joab los quiere matar ¿por qué van a su encuentro? Cuántos llantos y endechas se levantan ante los que se suponía no tenían que haber caído, porque tenían la madurez, conocían la Palabra, pero se descuidaron y son endechados. ¡Tengamos cuidado con el descuido!

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