sábado, 14 de enero de 2012

Los conflictos, oportunidad para ver la respuesta de Dios



Rev. Gustavo Martínez Garavito
Si alguien está obedeciendo a Dios, y hay frutos, entonces de todas maneras va a despertar la envidia de otros, quienes tendrán el deseo de detener lo que Dios se ha propuesto llevar adelante.
“Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi. Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová. Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo; y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo para siempre?
 Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo: Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta casa), y a causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás. Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los destruyese; he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos”, 2 Crónicas 20:1-13.
 Encontramos en estos versículos de la Palabra del Señor, a un hombre llamado Josafat, descendiente de David, rey de Judá, que durante su reinado enfrentó uno de los más fuertes ataques, una de las amenazas más duras que se hayan dirigido hacia este hombre, y así también a su responsabilidad como gobernante de Judá, contra su ejército y contra todo lo que hasta ahora había logrado. La amenaza era una invasión de un ejército aliado y numeroso, conformado por moabitas, amonitas y edomitas. Estos tres eran enemigos antiguos de Israel, que no podían aceptar o admitir que Dios hubiera levantado a Israel y se hubiese complacido de ellos, entonces brotó en sus corazones la envidia. El deseo de ellos era también segar y detener la marcha de este pueblo que era favorecido por Dios, y todo apuntaba contra aquel hombre que Dios había levantado para ese momento en la historia del pueblo de Judá.
 La Palabra nos habla que esta actitud fuerte, agresiva en esta ocasión, fue muy impactante para Josafat y para el pueblo de Judá. Josafat no había hecho nada para provocar a estos ejércitos, se llenó de temor al ver esa gran multitud que venía contra ellos. Eso nos demuestra que no siempre los problemas vienen porque lo hemos provocado, o hemos fallado, o hemos pecado. Algunos piensan que cuando a alguien le pasa alguna situación dicen: “¿Qué habrá hecho?, ¿será que habrá pecado?, ¿será que habrá desagradado a Dios?, ¿por qué le pasa esto?”
 Encontramos que Josafat no había pecado, que el reino de Judá no había pecado, todo este tiempo había paz y ahora se desata una guerra, había una amenaza contra ellos. Eso quiere decir que los problemas siempre van a venir, las dificultades siempre van a buscar la ocasión de aparecer; el enemigo va buscar una manera según él una “buena causa” para provocarnos, para atacarnos, para hacernos daño y allí es donde nosotros tenemos que estar preparados en todo tiempo.
 Aunque nosotros no busquemos los problemas y las dificultades, ellos llegan solos, llegan sin que usted los invite, va a venir las enfermedad, va a venir la escasez, va a venir el vituperio, va a venir la difamación, va a venir la oposición, van a venir situaciones en contra de su vida, en contra del trabajo, en contra del proyecto, en contra de la visión, en contra de lo que Dios le esté permitiendo llevar a cabo.
 Si está obedeciendo a Dios y lo hace fielmente, y hay frutos, entonces de todas maneras va a despertar la envidia de otros, y esos otros tendrán el deseo de detener el trabajo, de detener lo que Dios se ha propuesto llevar adelante. Amados, aquí la Palabra nos enseña que Dios todavía es Dios, que Él es real, que es poderoso y que podemos tener una mala noticia a pesar que todo iba bien. “Pasadas estas cosas,…” (v. 1), o sea, después de algunos logros, de algunas bendiciones, de cierta estabilidad, entonces acontece “que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria… Entonces él tuvo temor…” (vs. 2-3).
 De repente puede llegar una mala noticia, o una advertencia, como fue aquí el caso de estos hombres que se acercaron a Josafat y le dijeron: “Contra ti viene una gran multitud”. Entonces, puede recibir la noticia de la pérdida de un ser querido, de algún accidente, de alguna enfermedad, de la pérdida de bienes materiales, de la pérdida de su trabajo, la pérdida de su negocio, o simplemente problemas que no faltarán dentro de su familia; entonces todos sabemos que los conflictos son una oportunidad para entender que Dios siempre está presente. Aquí podemos ver que los conflictos rebelan nuestra fragilidad, rebelan lo que hay dentro de nosotros, de qué estamos hechos, cómo hemos sido formados, qué principios tenemos.
 Allí se manifiesta lo que había en los diez espías, no había el mismo espíritu que estaba en Josué y Caleb. En Josué y Caleb estaba el Espíritu de Dios, en ellos estaba el Espíritu de poder, no había complejos, no había temor, no había limitaciones. Mientras que en los diez espías, cuando viene el momento de enfrentar el conflicto, sale a flote lo de adentro y lo que había era incredulidad, esto los hizo frágiles, los hizo débiles, la incredulidad destruyó su autoestima y les llevó a considerarse como “insectos” frente a los habitantes de Canaán. En medio de las dificultades uno da a conocer la formación, el carácter, los principios, lo que hay dentro, de lo que estamos hechos, cuánto podemos soportar, cuánto podemos enfrentar una situación; porque en medio del problema, porque en medio del conflicto a veces nos encerramos, nos volvemos frágiles, que no sabemos qué hacer, que no sabemos qué responder, que no sabemos cómo actuar, y a veces lo que hacemos es escondernos o huir, queremos dejarle a otro el problema.
 Pero amados, aunque este hombre se sintió en algún momento con temor, que es natural, había algo más fuerte que el temor y era una fuerte confianza hacia Dios y por eso la Palabra del Señor dice: “Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá” (v. 3). Este hombre nos muestra que por más fuerte que sea la dificultad o la noticia, no nos podemos desubicar, no nos podemos encerrar y desconocer al que está con nosotros. Por eso podemos ver que los conflictos son una bendición, porque nos dejan conocernos a nosotros mismos, saber en quién confiamos, saber en quién realmente está puesta nuestra confianza, porque uno puede decir: “Yo confío en Dios mientras tengo buena salud, mientras tengo provisión, mientras nadie me molesta”.
 Cuando la Biblia nos habla que este hombre y el pueblo adoraron y exaltaron a Dios en medio de sus adversarios, demuestra que había paz, que tenían verdaderamente confianza en Dios. Recuerden que en el libro de los Hechos capítulo 27, nos habla de un naufragio, ahí iba el Apóstol Pablo, el Señor le habló, lo consoló, lo confortó, y él se levantó y se alimentó y llamó a todos los demás y les dijo que vinieran a participar del pan, ellos decían que no tenían deseo de comer, porque estaban turbados, porque estaban afanados, porque estaban angustiados; y Pablo les dijo: “Os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (Hechos 27:22-24).
 Pablo les animó, les exhortó a tener buen ánimo y se animaron; la angustia se fue y ellos comieron y estuvieron tranquilos. Pablo antes había estado en la cárcel y en medio de tantos azotes, sus pies atados al cepo, él adoró y exaltó a Dios, y dice la Biblia: “Los presos los oían” (Hechos 16:22-25), no era algo normal, esta gente alababa, esta gente adoraba, eso demuestra que hay paz en medio de la tormenta, porque el Señor ha dicho: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
 “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 18:1). Ya no hay ninguna condenación para que los que están en Cristo Jesús, no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo, si hay paz y puede adorar a Dios y alabar a Dios en medio de las dificultades. Si puede alabar y adorar es porque está la paz de Cristo en su corazón; era algo que no entendía la esposa de Job, si no hubiera tenido Job a Dios en su vida, no habría experimentado nada, todos los días habría estado vociferando contra Dios, hablando despropósitos contra el Señor; pero su mujer que debería estar no lo acompañó.
 En el caso de Job Dios permitió al diablo que tocara sus bienes, y aun su salud, lo que no podían entender los amigos de Job, pues, ellos dijeron: “No, a un tipo que les pase estas cosas, que pierda de repente todo, que le ocurra en un mismo día una cantidad de cosas, y recibe y recibe noticias negativas, tiene que haber pecado, tiene que ser un pecador más, el más grande pecador de todos los hombres”. Eso es lo que la gente cree, pero Dios es soberano, Dios a mucha gente a privado de su salud, porque a veces enfocamos y aplicamos la Palabra en ese punto de vista, y eso no es así siempre. Hay casos que se dan por causa de nuestros pecados, por causa de nuestra desobediencia, porque lo hemos provocado, porque lo hemos facilitado, pero en otros casos no es así, y no podemos juzgar antes de tiempo, no podemos juzgar a la ligera y hacer un juicio por falta de conocimiento por las apariencias.
 Entonces esta mujer pensaba que no era posible que se adorara a Dios y más por un hombre en esas condiciones, aunque su carne se caía en pedazos, interiormente estaba sano, estaba íntegro, era libre, era un hombre de Dios, era un hombre temeroso de Dios, no había otro en la tierra como él, eso no le cabía en la mente de esa mujer. “Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9). Esa es la expresión de quien quiere que solamente adoremos a Dios cuando tengamos un triunfo, cuando tengamos un momento de alegría, cuando se nos dé una promoción o algo así, o se nos aumente el sueldo en la empresa, entonces celebramos; pero cuando viene una calamidad o viene un momento de prueba, de dificultad, entonces nos rebelamos contra Dios.
 Ellos no sabían qué hacer, no sabían qué era lo mejor, como no sabían qué hacer, como no tenían fuerzas, como se dieron cuenta que él era un rey y aunque tenía un ejército, y aunque tenía armamento, pero que realmente no tenía el valor, la fuerza para enfrentar tan grande multitud, es que acude a Dios y le dice: “Pero tú sí tienes la fuerza, tú sí tienes el poder, tú sí tienes el control, tú sí sabes qué hay que hacer”. En otras palabras Dios sí sabe, Él sí tiene la respuesta, él sí tiene todo calculado, Dios sí sabe que hay que hacer, y lo hace públicamente, entonces los conflictos en primer lugar son una oportunidad para entender lo que realmente somos.
 El Salmista en el Salmo 90:12 dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Y el Salmo 39:4 dice: “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy”. Que importante entender que no somos eternos, que somos frágiles, que somos como la flor del campo o como la neblina que aparece y que de pronto desaparece, esa es la vida del hombre. Y en el Salmo 39:5 dice: “He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti, ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive”.
 Josafat está reconociendo sus limitaciones, su falta de fuerzas. Los conflictos son una oportunidad para descubrir que hay dentro de nosotros, en quién confiamos, en quién hemos puesto nuestra confianza, a quién acudimos en los momentos difíciles, a quién le descubrimos nuestro corazón, eso es una oportunidad importante, pero también son una oportunidad para acudir al Señor. La mayoría de las veces este hombre no solamente reconoció que Dios podía actuar, sino que acudió a Dios, cosa que no se había hecho con frecuencia; a veces es necesario el conflicto, porque nos lleva a buscar a Dios, a acudir a Él, y realizar lo que este hombre hizo, a orar y ayunar y a poner el rostro en tierra.
 “Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová” (2 crónicas 20:4). Hubiera venido toda esa cantidad de gente y de todas las ciudades de Judá en otro tiempo, quizás no se hubieran reunido tan pronto y tan sensibles para humillarse a Dios y pedir la ayuda y el socorro divino; pero ahora hay una amenaza contra sus hijos, contra sus mujeres, contra sus bienes y contra sus vidas, y entonces todo el mundo se sensibiliza y con toda libertad vienen para postrarse unidos a adorar, exaltar y a pedir que Dios intervenga. No saben por qué Dios tiene que permitir estas situaciones ¡Dios, las tiene que permitir! Porque nos ayudan a bien, nos despierta, nos sacude, nos hace reaccionar.

Este hombre reconoce que Dios es soberano, Josafat reflexiona y trae a su memoria y dice: “¿No fuiste tú quien le entregaste esta heredad a tu pueblo, a la descendencia de Abraham tu amigo?” Y comienza a narrar una cantidad de hechos y portentos que Dios ha hecho a favor de su pueblo, y dice: “Yo estoy creyendo en ese Dios de portentos, en aquel que separó las aguas en el Mar Rojo, a ese Dios que sepultó a faraón y a su ejército, yo estoy creyendo en ese Dios, el que fue que libertó a Israel del yugo despiadado de faraón”. Este hombre sigue diciendo: “Es que no estamos creyendo en un dios de palo, en un dios de yeso, estamos creyendo en un Dios real, en un Dios que se mueve, que oye, que responde, que obra maravillas, que obra milagros”.
 Amado, Dios no tiene límites, hoy ese Dios está aquí, ese Dios puede sanarle, le puede salvar. Ahora no se preocupe por lo que el hombre haya dicho contra su vida, no se preocupe contra las amenazas, no se preocupe por lo que el enemigo a conjurado contra su vida, aquí hay un Dios Todopoderoso, Él guardará tu salida y tu entrada, Él será un cerco y un escudo a tu alrededor, Dios te dará la victoria.

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