martes, 14 de agosto de 2012

 


Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. - Lucas 11:4.
Sed benignos unos con otros… perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. – Efesios 4:32.
  Cristo padeció por nosotros… cuando le maldecían, no respondía con maldición
Esta petición no se refiere al perdón judicial de la pena del pecado (este perdón se obtiene por la fe en el Hijo de Dios). El mensaje esencial del Evangelio es que Jesús pagó la deuda de nuestras ofensas. No necesitamos suplicar para obtener el perdón, pues basta reconocer nuestras faltas y acudir al Señor.
 Aquí se trata del perdón paterno, necesario si queremos mantener la comunión con nuestro Padre. Si los creyentes no están dispuestos a perdonar a los que les ofenden, ¿cómo pueden esperar tener comunión con su Padre, que les ha perdonado libremente sus ofensas? 
Al ser los beneficiarios del perdón de Dios, está claro que debemos perdonar a aquellos que nos ofendieron. ¿Cómo hacerlo? No podemos negar el hecho, ni aun reconciliarnos sin tratar el problema a fondo. ¿Qué hacer? Dirijámonos a los que nos ofendieron, en humildad, dispuestos a reconocer también nuestros propios agravios. Dar este paso no es muy fácil, pero es el camino que nos enseña la Biblia para tratar de volver a tener paz con nuestros familiares, nuestros hermanos en la fe y los que nos rodean. “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:16-21).
Fuente :amen-amen.net

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