sábado, 30 de junio de 2012

Norcorea: Refugiados arriesgan la vida al difundir el Evangelio



Cada año, miles de norcoreanos huyen a China en una apuesta peligrosa por la libertad. Algunos de ellos conocen la fe en Jesús. Y, tan increíble como parezca, algunos de esos deciden regresar a Norcorea a compartir el evangelio.

Tae escapó dos veces de Norcorea. Las primeras autoridades chinas lo enviaron de vuelta, estuvo en prisión y su esposa fue forzada a divorciarse: “Perdí la ciudadanía norcoreana, pues se consideraba que había rechazado a mi país y a mis parientes tras huir de Corea del Norte. No era apreciado humano y era llamado con un número”.

Escapar para adorar a Cristo

Pero fue en prisión que Tae conoció a Jesús. Eso era una peor ofensa: adorar a Cristo en vez de adorar al estado, el gobierno y a la familia Kim. Tae escapó de nuevo y fue a Corea del Sur. Catorce años después, él quiere regresar. El está enrolado en la Universidad Subterránea de Seúl, un ministerio de Seúl, Estados Unidos y la Voz de los Mártires.

“Es importante hacer trabajo misionero, enviar comida y hacer obra humanitaria en Corea del Norte, pero también es importante preparar a los desertores a ser entrenados en el Evangelio para regresar”, añade Tae.

Peck, otra refugiada norcoreana, es estudiante de la universidad subterránea. Ella era una política ciudadana en corea del norte cerca de la frontera China donde atestiguó un tiempo de hambruna masiva.

“Había problemas con la comida, 80 personas al día morían en la ciudad. No había libertad. Cuando Kim Il Sung murió, la gente empezó a pensar que su régimen totalitario no prosperaría”.

Peck decidió escapar, y fue a Corea del sur donde comenzó a asistir a la iglesia, primero para recibir ayuda material como comida. Pero tras 5 años de escuchar sermones y leer la Biblia, comenzó a tener fe en Jesús.

Peck: “Conozco la verdad de Dios y quiero explicarla a otros eN Norcorea. He estado en el sistema y sé que será difícil para ellos como lo fue para mí conocer a Cristo, debido al lavado de cerebro de las autoridades, pero puedo compartir porque he pasado por eso”.

Este muro bloquea el puente de libertad entre ambos países. La gente deja mensajes para sus seres queridos al otro lado del muro. Ellos esperan que algún día todos los coreanos vuelvan a unirse.

Control y opresión al cristianismo

Al lado norte de la frontera, otro refugiado, Jung, comenzó a preguntarse por qué su gobierno trataba tanto de controlar y oprimir al cristianismo. El fue testigo de la ejecución pública de 3 cristianos que introducían biblias de contrabando: “Eran una mujer y 2 hombres. Los hombres tenían unos 22 ó 23 años”.

Ver las ejecuciones aumentó su hambre espiritual: “Las ejecuciones me hicieron querer saber más del cristianismo y la Biblia. Pensé que debía haber algo detrás de ellos porque las autoridades matan a la gente que ama la Biblia y a Dios”.

Tras cuatro años en Corea del Sur, Jung quiere regresar y evangelizar a su pueblo: “Mediante clases y el libro “Torturado por Cristo” aprendí que la vida cristiana no es fácil, hay sufrimiento y dificultad, hay mártires por Cristo. Aprendí cómo vivir como cristiano y cómo morir como cristiano”.

Matt Dubois, Decano de la Universidad Subterránea, ayuda a entrenar exiliados norcoreanos: “Es emocionante ver lo que Dios ha hecho en estos estudiantes. Ellos entienden que compartir el Evangelio y aceptar a Cristo en sus vidas no hace que las cosas mejoren en Norcorea, y que serán perseguidos por ser cristianos”.

El año de estudios en la universidad incluye la teología bíblica de la persecución y el discipulado. Su entrenamiento también es práctico. Los estudiantes dan una caminata de tres días en el bosque para aprender trabajo en equipo, resolución de problemas y liderazgo.

“Aprendí trabajo en equipo y que no estoy aquí solo. Tengo compañeros. En el entrenamiento aprendí de Jesús y cómo somos el Cuerpo de Cristo y debemos trabajar juntos. Si no trabajamos juntos, estaremos discapacitados y no seremos un solo cuerpo”, comenta Tae.

Tras su año de estudio en la Universidad Subterránea, estos alumnos esperan regresar al Norte, sin saber si volverán o no. Pero dicen estar dispuestos a sacrificar sus vidas, para ayudar a dar libertad espiritual a sus compatriotas que no tienen oportunidad de escapar del régimen.

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