Mostrando entradas con la etiqueta documentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta documentos. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de febrero de 2012

Captura de ‘Artemio’ demuestra que se puede vencer al terror en estado de derecho



El presidente del Tribunal Constitucional (TC), Ernesto Álvarez, felicitó hoy a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional por la captura del cabecilla terrorista ‘Artemio’, y destacó que este hecho demuestra que es posible luchar contra la subversión en el marco del estado de derecho.
Florindo Eleuterio Flores Hala, alias ‘camarada Artemio’ líder de la facción de Sendero Luminoso que operaba en el Alto Huallaga, fue capturado hoy herido en una choza del caserío de Pizana, región San Martín, tras resultar herido en un enfrentamiento con las fuerzas del orden el jueves último.
 
“Nuestras Fuerzas Armadas y Policiales han demostrado que en un estado de derecho, con la plena vigencia de los derechos fundamentales, es posible luchar contra la subversión y el narcotráfico de una manera satisfactoria”, declaró en TV Perú.
 
CENSURA A GRUPOS VIOLENTISTAS
Asimismo, expresó su deseo de que se mantengan vigentes todas las garantías de los derechos fundamentales para evitar que el Perú sea objeto de una denuncia ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
 También indicó que hace falta una política de Estado que establezca, como en el caso de Alemania, una censura para todos aquellos grupos de derecha o de izquierda que pretendan en el futuro enarbolar la violencia como instrumento para la captura del poder.
“En esto tenemos que ser inflexibles”, puntualizó.
 FUENTE: ELCOMERCIP.PE/ANDINA

martes, 10 de enero de 2012

Presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner da gracias a Dios por el buen resultado de su cirugía


Tras ser intervenida con sospecha de cáncer de tiroides en una clínica de su país.
 DE ENERO DE 2012, BUENOS AIRES
  La presidenta Cristina Fernández mostró su agradecimiento este sábado 7 de enero en un Comunicado después de recibir el alta médica tras su operación de tiroides, en la que además se descubrió que no padecía un cáncer como en principio se temía..
  El texto de agradecimiento fue leído en la puerta del Hospital Austral de Pilar por el secretario de Comunicación Pública, Alfredo Scoccimarro.
  En el mensaje, la jefa de Estado y su familia agradecen "a todas las personas, ciudadanos, militantes, personalidades nacionales e internacionales por su muestra de afecto y preocupación por su salud".
  "La Presidenta de la Nación agradece a Dios y a todo el pueblo argentino por las bendiciones recibidas", continúa el comunicado de la mandataria.
  Además, expresó "su reconocimiento al equipo profesional que la intervino y atendió y a todo el personal del Hospital Austral por su calidez y el afecto en el tratamiento como paciente".
ORACIÓN DE EVANGÉLICOS
  El Centro Nacional de Oración , cuya sede está estratégicamente ubicadafrente al Congreso de la Nación, en el centro político, religioso y económico de la Argentina, convocó al “cuerpo de Cristo” a orar por la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que será operada de un cáncer de tiroides".. .
El comunicado difundido por esta organización que encabeza Alejandro Rodríguez propuso a los evangélicos orar por la salud de la Presidenta y la intervención a la que será sometida y para que la mandataria “pueda ver al Señor de forma personal a través de esta situación” .

También ACIERA (Alianza Cristianas de Iglesia Evangélicas de la república Argentina) habían pedido públicamente oración por la presidenta de su país.

lunes, 9 de enero de 2012

Rev.Rodolfo Gonzales Cruz-El poder del Espiritú Santo



Rev.Rodolfo Gonzales Cruz-El Padre,El Hijo y El Espirítú Santo



Rev.Luis Meza Bocanegra."Predicando a Jesucristo como el Señor"

Rev.Luis Meza Bocanegra.Predicando a Jesucristo como Señor

Rev Luis Meza Bocanegra - "La esposa y el esposo"

Rev. Luis Meza Bocanegra - No se Acordaron de Buscar a Dios


jueves, 5 de enero de 2012

Iglesias evangélicas crean aplicaciones móviles para sus fieles



EE.UU.- La iglesia Promesa de Fe, ubicada en Knoxville, Tennessee, ha creado aplicaciones móviles para Smartphone para sus miembros para que estos no se pierdan lo que sucedió en el culto y el mensaje expuesto por su pastor, publica el diario el Wall Street Journal.

Una de las que disfruta y se beneficia de estas aplicaciones móviles es la Sra. Davis, de 45 años de edad, quien se pone al día con los sermones en audio y video que le facilita su iglesia, a través de esta aplicación Smartphone, cuando ella por algún motivo no pudo asistir a la iglesia.
“Creo que donde quiera que vaya, usted debe llevar ese espíritu. Es como si estoy allí y no me pierdo nada”. Los desarrolladores de aplicaciones, dicen que más de 150 iglesias en EE.UU. tienen smartphones personalizados y tabletas que utilizan para conectarse con sus miembros.Las aplicaciones para iglesias son un giro relativamente nuevo en el flujo más amplio de la tecnología en la vida religiosa, que incluye aplicaciones populares para la oración incluso haciendo confesiones.Los pastores y los fieles dicen que la tecnología puede permitirle permanecer religiosamente involucrado en todo momento, y no sólo el domingo. Los creadores de aplicaciones, esperan que miles de iglesias desarrollen las aplicaciones en los próximos años para satisfacer la demanda de los fieles.“Algunas aplicaciones ayudan a ¿confesar su último pecado?, la ¿búsqueda de una bendición judía para su comida? Los adoradores de hoy están buscando en la tecnología móvil algo para complementar su fe, sin embargo, están empezando a desafiar las normas de práctica religiosa”, dice Christina Tsuei, en un reporte en el Wall Street Journal.Algunas aplicaciones especializadas, ayudan a los padres a realizar un seguimiento de lo que sus hijos están estudiando en la escuela dominical y ofrecen consejos para discutir. Los líderes de la Iglesia, esperan también que las aplicaciones atraigan a los adolescentes a seguir participando con sus iglesias y proporcionarles una guía espiritual cuando están lejos.“Ese es su mundo: Su iPhone si no está en el bolsillo no es real”, dice Tom Wray, consultor de la Arquidiócesis de Cincinnati, que ha promovido aplicaciones para las iglesias católicas.Hasta ahora, la mayoría de las grandes iglesias protestantes y evangélicas han hecho aplicaciones personalizadas dicen, los desarrolladores. Por lo general, la información agregada en las aplicaciones incluye el blog del pastor, calendario de la iglesia y a veces una pared pública digital, en el que los congregados pueden solicitar y ofrecer oraciones.“Estamos tratando de difundir el mensaje y el contenido de cada iglesia, salir de las paredes de la iglesia durante la semana”, dice Matt McKee, un ex pastor y fundador de ROAR con sede en Alpharetta, Georgia, que se dedica a crear aplicaciones personalizadas para las iglesias.La Iglesia Redentor en Utica, Nueva York, creó una aplicación y esta ha sido descargada unas 3.700 veces, dice Sam Luce, pastor de la congregación.El promedio de asistencia de esta iglesia es 1.700 personas, sin embargo, la creación de la aplicación ha obtenido buenos resultados porque ha generado unas 14 mil visitas y los usuarios han solicitado y confirmado oración para sus vidas, por lo que se está pensando en crear otra dedicada específicamente para los jóvenes.Los pastores y los religiosos, dicen que los comentarios sobre las aplicaciones ha sido muy positivos. Sin embargo, la apertura ha planteado algunas preocupaciones sobre la privacidad y seguridad, especialmente para las congregaciones pequeñas que no tienen los recursos para supervisar la actividad.

Musulmanes extremistas arrojan ácido sobre la cara de pastor evangélico


KAMPALA, Uganda.- Musulmanes arrojaron ácido al líder de la iglesia, el día de Nochebuena, que lo dejó con quemaduras graves. Ha perdido un ojo y tiene afectada la visión en el otro.

El Obispo cristiano Mulinde Umar, de 37 años, un jeque (maestro islámico) antes de su conversión al cristianismo, fue atacado el sábado por la noche (24 de diciembre) fuera del edificio de la Iglesia Internacional de Namasuba, a unos 10 kilómetros de Kampala.

Desde su cama del hospital en Kampala, dice que se encontraba de regreso al lugar para una fiesta con toda la congregación y cientos de nuevos conversos al cristianismo, cuando un hombre que afirmaba ser un cristiano se le acercó. “Le oí decir en voz alta “Pastor, pastor, y cuando di la vuelta y lo miré, me arrojó un líquido en la cara y otros más me arrojaron un líquido en mi espalda y luego huyeron gritando: “¡Allahu Akbar [Dios es más grande]“, dijo Mulinde, todavía visiblemente traumatizado varios días después del asalto.

Los miembros de la iglesia lo llevaron a un hospital en el área de Mengo de Kampala, y fue trasladado al Hospital Internacional de Kampala. Su rostro, cuello y brazos tienen cicatrices profundas del ácido, y sus labios están hinchados.

“La quemadura causada por el ácido es tan grave que existe una necesidad urgente de un tratamiento especializado”, dijo Baluku Symutsangira. “Sugiero que se lo lleven fuera del país tan pronto como sea posible, de lo contrario podría perder sus ojos, junto con la propagación de las quemaduras. Las quemaduras parecen

Por los Caminos de la Biblia

 

Por los Caminos de la Biblia
Rev. Luis M. Ortiz
En esta ocasión no vamos a viajar “por los caminos de América y alrededor del mundo”, sino que nuestro viaje será “por los caminos de la Biblia”. Amados, en esta ocasión no vamos a viajar “por los caminos de América y alrededor del mundo”, sino que nuestro viaje será “por los caminos de la Biblia”, en los cuales nos estaremos encontrando continuamente en cada libro de la Biblia con nuestro Señor Jesucristo, a quien estaremos saludando y reverenciando.
En Génesis, Cristo es “la Simiente de la mujer”.En Éxodo, Él es “el Cordero Pascual”.
 
En Levítico, Él es nuestro “Sumo Sacerdote”.
 
En Números, Él es “la Columna de nube de día, y la Columna de fuego de noche”.
 
En Deuteronomio, Él es “el Profeta mayor que Moisés”.
 
En Josué, Él es “el Capitán de nuestra Salvación”
 
En Jueces, Él es “nuestro Juez y Dador de la ley”.
 
En Ruth, Él es “nuestro Pariente Redentor”.
 
En Primera y Segunda de Samuel, Él es “nuestro Profeta fiel”.
 
En Reyes y Crónicas, Él es “nuestro Rey que gobierna”.
 
En Esdras, Él es “nuestro Escriba fiel”.
 
En Nehemías, Él es “el Constructor de los muros derribados”.
 
En Esther, Él es “nuestro Mardoqueo”.
 
En Job, Él es “nuestro Redentor que vive”.
 
En los Salmos, Él es “Jehová nuestro Pastor”.
 
En Proverbios y Eclesiastés, Él es “nuestra Sabiduría”.
 
En Cantar de los Cantares, Él es “nuestro Amado y nuestro Esposo”.
 
En Isaías, Él es “el Príncipe de Paz”.
 
En Jeremías y Lamentaciones, Él es “nuestro Profeta que gime”.
 
En Ezequiel, Él es “la maravillosa Figura de los cuatro seres vivientes”.
 
En Daniel, Él es “el cuarto Hombre en el horno de fuego”.
 
En Oseas, Él es “el Esposo Eterno”.
 
En Joel, Él es “el Bautizador en el Espíritu Santo”.
 
En Amós, Él es “el que lleva nuestras cargas”.
 
En Abdías, Él es “nuestro Salvador”.
 
En Jonás, Él es “el gran Misionero foráneo”.
 
En Miqueas, Él es “el Mensajero de hermosos pies”.
 
En Nahum, Él es “nuestro Vengador”.
 
En Habacuc, Él es “el Evangelista que clama por arrepentimiento”.
 
En Sofonías, Él es “el Señor poderoso para salvar”.
 
En Hageo, Él es “el Restaurador de la herencia perdida”.
 
En Zacarías, Él es “el Manantial abierto de la casa de David”.
 
En Malaquías, Él es “el Sol de Justicia”.
 
En Mateo, Él es “el Mesías”.
 
En Marcos, Él es “el Obrador de Milagros”.
 
En Lucas, Él es “el Hijo del Hombre”.
 
En Juan, Él es “el Hijo de Dios”.
 
En Hechos, Él es “el Espíritu Santo moviéndose entre los hombres”.
 
En Romanos, Él es “el Justificador”.
 
En Primera y Segunda de Corintios, Él es “el Santificador”.
 
En Gálatas, Él es “el Redentor de la maldición de la ley”.
 
En Efesios, Él es “el Esposo de la Iglesia”.
 
En Filipenses, Él es “el gozo de nuestro corazón”.
 
En Colosenses, Él es en “quien habita corporalmente la plenitud de la Deidad”.
 
En Primera y Segunda de Tesalonicenses, Él es “nuestro inminente Rey venidero”.
 
En Primera y Segunda de Timoteo, Él es “el Mediador entre Dios y los hombres”.
 
En Tito, Él es “el Pastor fiel”.
 
En Filemón, Él es “el Amigo de los oprimidos”.
 
En Hebreos, Él es “nuestro Sumo Sacerdote”.
 
En Santiago, Él es “el Sanador de los enfermos”.
 
En Primera y Segunda de Pedro, Él es “el Príncipe de los Pastores”.
 
En Primera, Segunda y Tercera de Juan, Él es “el Amor de Dios derramado en nuestros corazones”.
 
En Judas, Él es “el Señor que viene con Sus millares de santos”.
 
En Apocalipsis, Él es “el Rey de reyes y Señor de señores

Hay que hacer la Voluntad de Dios

Hay que hacer la Voluntad de Dios
Rev. Humberto Henao
“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta”, Juan 7:17.
  NO ES SOLAMENTE CONOCERLA, HAY QUE HACER LA VOLUNTAD DE DIOS
  “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta”, Juan 7:17.
  “Tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14), es decir el continuo estar en el templo, el oír la Palabra de Dios hace que su cerebro se habilite para poder discernir ¿Cuántas mujeres saben que no deben vestirse de manera indecorosa y sin embargo lo hacen? Creyentes que leen y escuchan la Palabra de Dios con frecuencia; mas no es conocer la voluntad de Dios, la dificultad es hacerla; entonces el asunto no está en el cerebro sino en el corazón.
  Elí conocía teóricamente como Dios trata con las personas. Es tan triste que uno sepa cómo es el trato de Dios, y hasta dé consejo a otros y que no lo haga con uno mismo. “Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel… Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y... si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye… Y vino Jehová… y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:4-10).
  Balaam era conocedor de la voluntad de Dios. “Los ancianos de Moab y los ancianos de Madián… llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac… Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es. Así Balaam... dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros” (Números 22:7-13). Balaam sabía que no podía maldecir al pueblo, pero como había un ofrecimiento, no quería dejar de aprovecharlo, y creyó que Dios podía cambiar de opinión.
  Apolos un predicador muy usado por Dios. “Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos… varón elocuente, poderoso en las Escrituras. …hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor... Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga... Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho… porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo” (Hechos 18:24-28).
  Apolos era una bendición en las manos de Dios; más adelante vemos a Pablo rogándole para que cumpliera una labor. En 1 corintios 16:12, leemos: “Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad”. Cómo es que un hombre con estos recursos, con este bagaje ministerial, que con todo lo que tenía, que podía hacer el trabajo; y ahora dice que no va, que no quiere. Amado el problema no está en la mente, sino en el corazón.
  Nos damos cuenta que Dios quiere hacer grandes cosas, Él tiene grandes planes. Dios recoge gente de todas las edades, los trae con un objetivo, pero a veces no se logra el propósito. Y no es que Dios no tenga el poder, y no es que ellos no tengan los conocimientos, porque ahora hay literaturas, hay Biblias electrónicas, hay una gran cantidad de información en Internet. Y pueden usar esa bendición y no lo hacen; no es que no puedan, es que no quieren. Que obstáculo tan tremendo encuentra Dios cuando no se quiere hacer lo que Él desea.
  En Colombia hemos perdido una cantidad de obreros, pero también han ingresado otro gran número, siempre la cantidad de ingreso es superior a la proporción de egresos. Pero hay gente en la cual Dios pudiera hacer mucho más; muchachos con talentos musicales, con una voz excelente y se les tiene que rogar para que vengan a ayudar, tienen que suplicarles que por favor venga al ensayo, que ayuden, y algunos llegan hasta molestos. Dios nos guarde.
  Conocer la voluntad de Dios no es complicado. A través del apóstol Pablo les habla a los judíos (sobre la ley), leemos: “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor”, Romanos 2:17-18. El pueblo judío sabía y conocía el querer de Dios para ellos, ¿sabe lo que Dios quiere para usted? La Escritura nos dice: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación”, 1Tesalonicenses 4:3.
  Que la vida moral sea una vida recta, una vida limpia; pero cuando transgreden y pasan por encima, aun conociendo las predicaciones, las enseñanzas ¡Cuidémonos! Cuídese de esa influencia negativa del internet, de tanta basura, tanta pornografía y tantos pecados. No podemos controlar la vida privada de los creyentes; uno escasamente controla. Pero, ¿Dónde radica ese control? No es el conocimiento, es en la voluntad; es el hacer la voluntad de Dios.
  Romanos 2:18-23 dice: “Y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor”, está en el cerebro ese conocimiento; y sigue diciendo: “Y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras?”. Les está diciendo: ¡Ustedes tienen el conocimiento!
  Cuando uno tiene la gracia, y viene a ser siervo de Dios, hay que hacer la voluntad del Señor hasta donde sea posible, no hay otra opción. El apóstol Pablo dijo: “Pues si anuncio el Evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el Evangelio!”, 1 Corintios 9:16. Entendemos que los descarriados son infelices y no tienen paz, conocen la verdad y la desechan, y son atormentados en su conciencia.
  Muchos profetas predicaron y fueron aceptados; a Jeremías no le fue así, él dice: “Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la Palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día” (Jeremías 20:8). ¿Qué no hizo este profeta? Ahora Jeremías dice: “No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jeremías 20:9).
  A través de Jeremías dijo Jehová: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16), la voluntad de ellos se bloqueó y dijeron: “No vamos a hacer eso”. El Señor Jesús en una parte alta de Jerusalén dijo: “!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).
  En todo lugar hay pastores que ya no quieren hacer la voluntad de Dios, dejan que sus iglesias sean liberales, mundanas; y viendo que el mal está acosando, en vez llamar a los infractores y corregirlos, los consiente. Los pastores tienen la obligación de presentarle a Dios una iglesia redimida, transformada, tienen la autoridad moral y bíblica para corregir el pecado, “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”, Efesios 4:12.
  Hay personas de afuera que admiran esta obra. El presidente de la Sociedad Bíblica de Colombia, dijo a los empleados: ¡Por favor, oremos por el Movimiento Misionero Mundial, esta misión se quiere conservar, pidámosle a Dios que los guarde, que no se aflojen, que no se acobarden! Y oraron por nosotros. Otras Instituciones nos dicen: ¡Guárdense, porque hace 30 años todos los concilios eran parecidos a ustedes y han ido menguando, por favor no decaigan!
“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta”, Juan 7:17. Me gustaba la contienda y la dialéctica (con los testigos de Jehová, con mormones, con adventistas), me gustaba la apologética, y me encontré con gente terca y obstinada, “que viendo no ven, y oyendo no oyen”. En la actualidad ya no lo hago, porque ellos empiezan con una serie de argumentos, y para qué gastar tiempo. En cambio llega el nuevo convertido y con entusiasmo quiere agradar a Dios, y se involucra en los proyectos de la iglesia.
Lo primero que hay que hacer es DESEAR
Dios le reveló a Daniel la siguiente parte de las profecías (sobre las 70 semanas), porque lo deseaba. Cuando llegas a la casa en vez de prender el televisor toma más bien las Escrituras, hay que desearla, para fortalecer el mensaje que escuchaste, para aprender más textos. Pero el pueblo con escaso conocimiento ni se preocupa, no hay deseo; pero pregúntenle de los equipos de fútbol, de la farándula, de las últimas telenovelas, y verá que eso si saben.
¿Desea hacer la voluntad de Dios? cuando ese deseo empieza a crecer, usted puede hacerlo, porque tiene un cerebro, unas neuronas, tiene los recursos intelectuales, allá están las Biblias de todas las versiones que quiera. Creyentes que llegan por inercia y no por amor, en cambio otros que con entusiasmo suben la escalera rápido, buscan una banca y se arrodillan para orar, luego empieza el coro y comienzan a cantar con gozo. Hermano es necesario que usted desee.
Allá en Colombia un hermano empezó con hambre y sed de Dios, todos los sábados pedaleaba de tres a cuatro horas en bicicleta para llegar al culto o al ayuno; y de pronto él se acercaba con una Biblia y me decía: ¡Pastor, yo no entiendo este versículo! Y yo dije: Pues yo tampoco. Estaba muy nuevo en el ministerio, pero igual me juntaba con él y buscábamos concordancias, comentarios, diccionarios; tratando de escudriñar que quería decir el texto. Había un deseo de aprender de parte de él; incluso el poco ahorro que tenía lo utilizó en libros y cosas de la obra.
Observé que ese hombre quería crecer, ahora es presbítero en esta obra. En una ocasión que mi hermana era líder de jóvenes le dije: “Démosle oportunidad a este joven que predique”. Ese día fue a predicar y se puso muy rojo y le corría sudor, lloró y no dijo mayor cosa; y mi hermana pensó que no servía. Le dije: “Él sirve, lo que pasa es que el hecho de ver gente al frente lo bloqueó”. El hermano se enredó, no pudo, y le dije: “Va a volver a predicar mañana”; y ahí bregamos con él, porque a la gente de deseos hay que darle oportunidades.
Lo segundo que hay que hacer es DISPONERSE
Además del deseo tiene que ir más allá, y esa es la disposición. “El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Pablo le dijo al Señor: ¿Cuál es tu deseo para mi, cuál es el programa a partir de ahora, qué es lo que hay que hacer? Y el Señor le dijo: Entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Siempre debe haber esa disposición.
¿Qué quieres que yo haga? El asunto es difícil porque lo que Dios quiere que hagamos a veces no es lo que uno quiere hacer. Dios empieza a ponerlo a uno en el molino, y todos los que estamos en la obra del Señor sabemos por donde nos ha pasado Dios; en lo personal yo soy del campo y mi mamá era una mujer de unos principios éticos muy correctos pero de un carácter muy fuerte, y cuando cumplí dieciocho años yo dije: “A esta señora no la voy a aguantar, en cuanto tenga veinte años me voy de esta casa, porque yo no quiero conflictos con ella, yo respeto a mi madre”.
Mi madre me hablaba duro, siendo pastor me correteaba con el palo de la escoba. Dios usó esa mujer para moldearme; ya tenía planes de casarme a los veinte años y cuando los cumplí doce días después se murió mi papá, y me dejó de herencia a esa señora (mi madre) y a mis siete hermanos pequeños. Y cambie mis planes, e hice un pacto a Dios que yo iba a ver por esos muchachos hasta que el menor tuviera quince años y en ese entonces tenía tres años.
Cuando le dice a Dios: “Señor aquí estoy”, entonces Dios le dice: “Está bien, vamos a trabajar, y le coge los planes y los proyectos suyos y se los tira por el suelo para saber que va a hacer”. Y Dios empieza a bregar con muchachos adolescentes, con jóvenes inexpertos, inmaduros, sin recursos, sin conocimiento, sin intelecto, sin herencia, sin nada. A algunos hay que buscarlos a  su casa para traerlos al culto, otros vienen con mucho esfuerzo en bicicletas pedaleando horas, unos quemados por el sol (vienen de dentro de la selva), otros llegan de las tribus indígenas, entre otros más.
Es tan triste ver creyentes que llegan al templo y ni oran, se sientan masticando chicle, respondiendo el celular en pleno culto, mandando mensajes de textos, como va el Señor a trabajar con una criatura en esa condición. Como pretende que Dios lo use y le dé un ministerio si no hay ese anhelo, no hay ese deseo ferviente de hacerlo para la gloria de su nombre. Tiene el conocimiento, sabe manejar una computadora, tienen mucho que dar. Dios le dirá: “Bueno, si quieres hacer lo que yo quiero, al suelo”, y empieza un proceso.
Me casé algo mayor, los planes míos fueron para un lado y dejé que Dios interviniera. Cumplí los 30 años y me reuní con la familia y me dijeron: “Qué pasa, que no le oímos de hogar, de matrimonio”, y yo callado deseando casarme. ¿Quién no quiere casarse? pero yo todavía no podía, había que postergar esto un poquito en bien del cristianismo.
Lo que hay que hacer es SERVIR
Usted sabe que la teología moderna es a tener y a disfrutar, es  siembra y recoja, no a servir; el cristianismo bíblico es servir. Joven predicador no puede caer en esa teología moderna de estar instando al pueblo a tener y a tener, Dios al que quiere da riquezas, a algunos los bendice económicamente, pero esa no es la prioridad de una iglesia, no es solamente a tener, gente explotada y abusada porque los han engañado con supuestas promesas.
El Rev. Enrique Centeno me presentó unos años atrás en Bogotá a un hermano lustrabotas y ese hombre tuvo un problema hace unos cuatro años, él estaba en casa, viendo televisión donde decían: “Allá en Colombia hay uno que tiene 500 dólares guardados…”. Y él dijo: “Huy, ese soy yo…”. Desde el televisor decían: “Corre, toma el teléfono que Dios te va a dar tanto”. El hermano trabaja en el Aeropuerto y a veces le pagan con dólares, entonces él no los cambia sino que los va juntando. Por este programa de televisión, él promete entregar los 500 dólares.
Al otro día llegaron por él, pero no le dijo nada a la esposa, él estaba en el trabajo y la esposa estaba en la casa. La esposa espantó a los que habían venido por el dinero y por esta razón se creó un conflicto familiar. Entonces en uno de los viajes que hice me contó lo sucedido. Le manifesté que cuando uno señala una cámara y todos la miran se van a sentir aludidos, la ley de las probabilidades funciona así. Era como las ocho de la noche, es probable que haya 100,000 personas a esa hora viendo el programa de televisión.
Yo apoyo la obra de Dios genuina porque la conozco, pero que vengan a decirme con manipulación. Porque uno tiene que saber a quién le da lo que Dios le ha provisto, hay gente que dentro de la obra no apoya y si viene un charlatán por allí a ese si le dan, se han dado esos casos. Ustedes lo saben, dejan a un vivaracho por allí, una persona viene y los manipula y les saca, y aquí pidiendo ofrenda misionera y echan el dolarito ese viejito de siempre; es que a veces Dios ajusta porque no le damos lo que Dios quiere que le den.
 
Viene el momento de CUMPLIR
“Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”, 2 Corintios 8:11-12. Entonces, una vez que haya disposición viene la ejecución y es lo más difícil; porque si Dios le dice que renuncie a ese empleo, si le dice que corte con ese noviazgo, a algunos se lo ha dicho y no lo hacen, hay que cumplir la orden de Dios.
Hace seis años fui a cierto lugar, y me acuerdo de aquel pastor que me invitó al quinto aniversario de su iglesia, estaba muy hermoso; luego me invito para el culto de la iglesia madre que tenía ochenta años de existencia. Fuimos de noche, iba pensando ver un templo grande; pronto llegamos, era un templo con unas 50 personas, el portero bien abuelito, también observé que no había jóvenes, el pastor tenía unos 80 años, eran como 40 personas en el lugar. Una obra si no se renueva continuamente, tiende a menguar.
Hermanos, estuve en Florencia y vinieron a la confraternidad más de mil jóvenes, y la mayoría de los que hicieron su decisión era gente joven. Usted mira la membrecía del pastorado en Colombia, el 70% del pastorado tiene menos de 40 años de edad; y nosotros nos esforzamos a verter en ellos la bendición, la responsabilidad, para que capten la visión que Dios le ha dado a esta obra, esta es la generación que tiene que sustituirnos.
El 28 de marzo de 1980 que salí a servir en la obra del Señor, cuando mi madre me vio empacando la maleta, las dos mudas de ropa y unos libros, me dijo: “¿Usted se va a meter de pastor?”, llamó a mis otros hermanos y hermanas y les dijo: “Mire a este de pastor, ¿no tiene manos, no le enseñó su papá a trabajar? va a coger a arriba y abajo con la Biblia, ya lo veré con esas maletas aquí otra vez”. Me fui, llegué y recibí a ese pequeño grupo de creyentes en la frontera con Venezuela, allí en la orilla del río, al final de la reunión apagué la lámpara en ese piso y me eche a llorar y le dije a Dios: ¡Señor, nunca me permitas regresar!
“Fue entonces Ananías y… dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo…”, Hechos 9:17-18. Lo que a Pablo le llevó ser el gran hombre de Dios fue hacer la voluntad del Señor; era un hombre con mucho conocimiento, más adelante dice de esto, “lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). El provenía de las escuela rabínicas, de grandes maestros, el era muy preparado en el judaísmo, pero ya no cuenta con todo eso.
  Le dijo el Señor a Pedro: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” (Juan 21:18). Gente que compartió con nosotros, que fueron nuestros amigos, que estaban en la misma labor y luego se afectaron, eso fue muy duro. Tener que decirle a un hijo o a una hija: “No puedes estar en esta casa, tu conducta no armoniza con los preceptos bíblicos, no puedes traer una vida inmoral y sucia a esta casa”, siendo parte de uno eso es terrible.
  Este año de VOLUNTAD que marque una pauta de verdad, dispóngase. Esta es una Palabra sencilla que llega a su corazón y a su mente, hay que asumirla. Dios quiere contar no con su conocimiento, sino con su voluntad dispuesta, eso cuesta, eso traerá de pronto dolor y angustia, eso hará que tenga que sacrificar de pronto intereses personales, derechos legítimos, pero que a partir de eso Dios podrá hacer lo demás. De qué sirve el conocimiento si no hay la voluntad, entonces lo primero que debemos hacer es la voluntad de Dios.

Da cuenta de tu mayordomía

Da cuenta de tu mayordomía
Rev. Gustavo Martínez Garavito
Tarde o temprano, tendremos que rendir un informe a nuestro amo celestial. ¿Quién sabe si, antes que termine de leer estas líneas, usted se encuentre frente a Dios rindiendo su propio informe?
En este relato vemos cómo aquel mayordomo es acusado de hurto, de malgastar los bienes de su Señor, de haber hecho uso indebido de lo que no le pertenecía. Antes de salir de viaje, el amo había puesto bajo la custodia del mayordomo sus posesiones y toda su propiedad.
“Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás ser mayordomo”(Lucas 16: 1-2).
  Durante la ausencia de su amo, nadie le pedía cuentas de nada, ya que todo estaba bajo autoridad. Sin embargo, se olvidó de que un día el amo le exigiría que rindiera cuentas, y que le fuera menester entregar un informe detallado de las transacciones realizadas con aquellos bienes que se le habían confiado.
  Amados, como mayordomos en la viña del Señor, no se nos puede olvidar que un día el Señor también nos pedirá cuenta de todo lo que Él ha colocado en nuestras manos. Siempre hemos de tener presente que todo cuanto hemos recibido es por gracia, y no por nuestras capacidades o nuestros talentos humanos. Esta es la Obra de Dios, manifestada a través de su misericordia, que nos ha levantado del polvo, de la nada, y permitido ser instrumentos en sus manos. Nunca se nos puede olvidar de dónde nos sacó y cómo nos halló el Señor. Él nos dio vida por medio de su sangre cuando estábamos muertos en delitos y pecados, también nos dio valor cuando no valíamos nada.
  Cuando llegó el momento de dar cuenta, el amo le dio la oportunidad al mayordomo de confesar su fechoría. El amo tenía la autoridad y el derecho de despedir al mayordomo sin pedirle justificaciones. El primero se había dado cuenta que el administrador le había defraudado, que éste había estado usando sus bienes incorrectamente. Sin embargo, en vez de despedirlo, le dio una oportunidad al mayordomo para que demostrara su fidelidad con pruebas claras y cabales; que las supuestas malversaciones tan sólo eran unas calumnias originadas por los celos o la envidia de otros que querían ocupar su puesto. El Señor le dio la oportunidad al mayordomo de demostrar que éste no le había defraudado, al usar los bienes que no le pertenecían para sus fines e intereses personales, para levantar su propia imagen y crearse un patrimonio propio.
  En esta orden, “da cuenta de tu mayordomía”, trasluce la misericordia de Dios. En efecto, teniendo el todo dominio y autoridad, podría eliminarlos como una paja que lleva el viento. Sin embargo, como dijera el profeta Jeremías: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lamentaciones 3:22-23). Aunque nosotros podemos serle infieles, Dios permanece fiel a su Palabra, a su amor, y por eso puede compadecerse de toda la humanidad.
  Sin embargo, aunque se le dio una oportunidad para justificarse, aquel mayordomo no pudo demostrar su fidelidad. Hoy, no se trata de aquel hombre ante su amo terrenal, sino de nosotros. Tarde o temprano, tendremos que rendir un informe a nuestro amo celestial. ¿Quién sabe si, antes que termine de leer estas líneas, usted se encuentre frente a Dios rindiendo su propio informe?
  De otro lado, así como nosotros hemos experimentado la misericordia de Dios, tenemos que aprender a ejercer misericordia para con los demás también. ¿Cómo vamos a ser como aquel siervo a quien su amo le perdonó una deuda inmensa, pero que no le mostró misericordia a un compañero que le debía una suma insignificante? Esta es la triste condición de la humanidad. A veces, nosotros, como siervos de Dios, queremos que se nos perdone y que se nos trate bien; pero no estamos dispuestos a perdonar ni a tratar bien a los demás. Cuando se enteró del asunto, el amo le preguntó a dicho siervo: ¿No debías tú tener misericordia de tu compañero? Entonces, el perdón que se le había dado fue anulado. Aquel hombre volvió a ser llamado a juicio por todo lo que debía, y se le añadió a la cuenta su falta de misericordia.
  La rendición de cuentas no significaba el destino absoluto del mayordomo infiel. Si era hallado culpable, tan sólo se le iba a degradar de posición (“ya no podrás ser más mayordomo”, indica el verso 2). No se le iba a despedir de la casa, sino que, simplemente, el amo le indicó que no ocuparía más un puesto de confianza. Aquel siervo no podía ocupar aquella posición, porque no había sido hallado fiel, y se requiere que los administradores sean personas fieles. Así lo afirma el apóstol Pablo: “Se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2). El ministerio requiere de usted y de su fidelidad; Dios quiere hombres fieles a Él, a su Palabra, que no se dejen mover por los vientos, que no busquen otras cosas. Sin embargo, parece que a este hombre no le importaba tanto el hecho de que le habían hallado infiel: lo que más le preocupaba, era que ya no podría ser mayordomo.
  Cuán terrible es que a ciertas personas no les preocupe su condición, su descendencia, su descarrío, su infidelidad, la falta de comunión con Dios, la falta de unidad. Sólo están pendientes de su posición. Estos son siervos como Saúl, quien, después de que el Señor lo desechara, le pidió a Samuel: “Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová” (1 Samuel 15:24-25). En otras palabras, Saúl le estaba pidiendo a Samuel que le honrase ante el pueblo, pese a su pecado y a haber sido desechado por Dios. Saúl quería que el pueblo creyera que Dios estaba con él, y que tenía el apoyo del profeta. La única preocupación del monarca caído era su imagen ante el pueblo, y no su posición ante Dios. Saúl estaba tan endurecido que no le interesaba la restauración espiritual, el poder disfrutar de la comunión en el santuario.
  ¡Qué diferencia con David! Cuando David tuvo que huir, y pasó por momentos difíciles, le dijo al Señor: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas. Para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario” (Salmo 63:1, 2). La preocupación de David no eran los problemas, ni el desierto, sino de no poder estar en el santuario con los demás adoradores. ¿Acaso será esto lo que nos preocupa cuando no sentimos la presencia del Señor? ¿Seremos como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas? “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el lama mía”, Salmo 42:1. Este animal brama cuando busca agua para calmar su sed, pero también la usa para esconderse del predador. Cuando los ciervos se ven perseguidos, su defensa es el agua; éstos se meten en el agua, y el cazador pierde su rastro.
  Asimismo, la presencia de Dios no sólo nos deleita y nos da descanso, sino que nos confiere seguridad y protección. Dios se alza como un muro entre nosotros y contra todo tipo de calamidades; el toque purificador del Espíritu Santo nos alienta y nos restaura. En la comunión con Dios, oímos esa voz cálida que nos dice: “No temas, siervo, yo estoy contigo para salvarte, para darte la victoria, para ayudarte, para impulsarte. Yo preparo tus manos para la batalla, no te aflijas, no temas”.
  Nuestro interés por nuestro Señor ha de ser genuino. Tenemos que usar los bienes que Dios nos ha confiado exclusivamente para su gloria, su alabanza y para llevar miles de personas a los pies de Cristo. En la rendición de cuenta, seremos justificados o seremos descalificados. Dios es fiel y exige de nosotros fidelidad.
  Ante la demanda de su amo, el mayordomo, sabiendo que había sido infiel, se dijo a sí mismo: “¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía” (Lucas 16:3). ¿Sabe usted si está en comunión con Dios? El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu si somos o no hijos de Dios, si estamos caminando bien, si somos fieles en la mayordomía o si estamos defraudando a nuestro amo. Revisemos la trayectoria de nuestra vida. ¿Cómo se ha conducido usted todos estos años? ¿Cómo ha estado usando los bienes de su amo? ¿Dónde empezó el fraude? ¿Cuándo empezó a marchar mal nuestra mayordomía?
  Aquel mayordomo no estaba dispuesto a hacer lo debido, es decir, dos cosas importantes. Primero, tenía que reconocer que había fallado; y luego, tenía que pedir perdón por su pecado. Lo segundo era restituir lo que había robado a su amo. Por eso, aquel hombre se preguntó a sí mismo: “¿Qué haré?” Él sabía que tenía la necesidad de humillarse, de reconocer que había pecado. La humillación entraña el perdón de Dios.
  No obstante, el mayordomo infiel empezó a plantearse otras soluciones en vez de humillarse ante su amo: “Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza” (Lucas 16:3). Este hombre seguía preocupándose por las apariencias, y no aceptaba la idea de verse degradado de su mayordomía ante los demás. ¿Acaso no es eso lo que hay dentro de muchos corazones? Aunque no lo manifestamos, no queremos trabajar bajo autoridad, ni vivir bajo autoridad, humillados y sujetos a la voluntad divina a través de las autoridades delegadas. Hoy día, cuando se le quita la mayordomía a algunos, éstos se apartan de Dios. Cambian de templo, de pastor, de concilio, o prefieren la vía de la separación en vez de la humillación. Dejan de ir a las convenciones y a las confraternidades, para que no se diga de ellos que ya no son lo que eran, o que ya no ocupan la posición que ocupaban.
  Cuán diferente fue la actitud del hijo pródigo. Él también había malgastado los bienes de su padre y vivió una vida de libertinaje, pero se dijo a sí mismo: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15:18, 19). Aquel joven reconoció que tanto su infidelidad como su pecado le habían quitado el privilegio de ser llamado hijo. Prefería ser un esclavo con tal de estar en la casa del padre, que un príncipe de este mundo. Hermanos, es mejor ser miembro de una iglesia donde se mueva la presencia de Dios, que ser un mayordomo donde hay aridez, donde no hay fuego, ni visión, ni santidad. Es mejor ser miembro de una iglesia de santidad, que ser un líder de una iglesia mundana, pagana, que no respeta la Palabra de Dios.
  El mayordomo afirmó que mendigar le daba vergüenza. En otros términos, no quería que la gente supiera que él era un ladrón; y que, por eso, había perdido su posición de administrador. Prefirió la huida antes de reconocer que había defraudado a su amo. Escogió el favor de los hombres. Empezó a llamar a todos los deudores de su amo y, en secreto, redujo las deudas que éstos tenían (Lucas 16:4-7). En otros términos, instó a otros a hurtar los bienes de su amo, involucró a otros en su fraude. Cuando una persona no se humilla, se dedica a sembrar su cizaña, y recluta a otros para que después le defiendan. No tiene paz ni sosiego hasta que corrompen a todos los que le rodean.
  Cuidado, hermano, con aquel que ha sido infiel en la mayordomía y te quiere involucrar en sus cruzadas personales, en su pecado, en su cuento, en su rebelión. No lo admitas, no lo oigas, no te dejes envenenar. Mantente puro, hazte respetar como siervo de Dios, y si él es infiel, que salga solo. Algunos usan los bienes de su amo para comprar la conciencia de otros, para silenciarlos. ¿Cuántos no han vendido el mensaje del Evangelio por el prestigio, por el qué dirán? Amado, sé sabio y escapa como el ave del lazo del cazador. Aquel mayordomo robó la paz y el prestigio de aquellos a quienes involucró en su engaño. Si usted se deja involucrar, perderá la comunión con Dios. A veces, no sabe usted el por qué, pero es porque le están guiando en la senda del engaño. Dios quiere que seamos hallados fieles, que Él pueda encontrarnos haciendo su voluntad engrandeciendo el patrimonio celestial en vez del nuestro. Amén.
  Los obreros y los colaboradores, en particular, tenemos que ser conscientes de la gran responsabilidad que Dios nos ha confiado, al tenernos por dignos de este ministerio tan noble.

Historia del creyente y la Voluntad de Dios

Historia del creyente y la Voluntad de Dios

Rev. José A. Soto
El Espíritu Santo aprovechando este pasaje bíblico nos enseña cuál es la voluntad divina, la cual la presento en tres formas: en el pasado, en el presente y en el futuro.
  “Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”, Jeremías 18: 1-6.
  Nosotros vemos a Dios que es el Eterno Alfarero comparado aquí con este alfarero que nos presenta la historia bíblica. El barro no puede decirle nada al alfarero y no tiene voluntad propia, el barro sólo está ahí. La mejor posición que puede tener es a disposición del alfarero en su mesa de trabajo. Es un cuadro maravilloso de la voluntad de Dios sobre nosotros, una voluntad que es en primer término soberana. No hay forma cómo el barro pueda salir huyendo las manos, no hay forma cómo puede el barro salirse de la rueda e irse a otro lado.
  También vemos la paciencia del alfarero, si hay alguien que en su trabajo necesita esa virtud, es el alfarero porque él tiene que trabajar con el barro. En primer lugar, el barro mismo no reporta ningún valor; el barro puede en un momento dado exhibir una mala calidad, tal vez puede tener un poco más de agua de lo que debe, quizás puede aparecer un grano de arenilla, algún pedacito del barro que no ha llegado al punto correcto en el amase, en fin muchos aspectos que pueden hacer que este no dé lo que el alfarero quiere buscar y es por eso que el alfarero necesita paciencia. La voluntad de Dios es paciente para con nosotros, como dice Pedro: “El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”  (2 Pedro 3:9).
  También está el aspecto de la perseverancia del alfarero. El alfarero es una persona que necesita ser persistente porque si no lo es, tampoco logra nada, tiene que ser alguien, que si el barro se echa a perder en su mano, él va de nuevo hasta lograr su objetivo. Dios también moldea el barro conforme a su voluntad, así podremos decir como el Señor: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
  El Espíritu Santo aprovechando este pasaje bíblico nos enseña cuál es la voluntad divina, la cual la presento en tres formas: en el pasado, en el presente y en el futuro.
  I. El pasado
  Cuando hablamos del barro y nos remitimos al origen del mismo, tenemos que irnos al Edén, cuando Dios tomó polvo del suelo y con ese barro, materia prima, hizo al hombre. “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, Génesis 2:7. He leído que los mimos elementos químicos que existen en la tierra, también están en nuestros cuerpos; somos perfectamente barro, esa es la verdad.
  ¿Cuál es la lección de la voluntad divina, cuando usted piensa en su origen como barro? ¿De dónde te sacó el Señor? Porque la verdad es que nosotros somos barro y Dios nos sacó del polvo de la tierra. ¡Nunca olvides de donde te sacó Dios! No importa dónde nos haya puesto, quienes seamos o cuánto hayamos escalado, ¡Acuérdate de donde te sacó el Señor!
 
Esta naturaleza amañada, enferma, precisamente porque somos barro; esas tendencias hacia el lodo, hacia la tierra, están presentes en nuestra vida. No vaya a creer usted en esas filosofías que cruzan hoy el mundo, que dicen que el hombre es lo máximo, que es buenísimo, que dicen que si hay cositas que a veces alguien hace y es un héroe y que expone su vida. ¡Eso delante de Dios no es nada! Usted cree que un día alguien va a venir delante de Dios y que diga: “¡Dios mío, yo me metí en un incendio y saqué un niño recién nacido, así que, aquí estoy, méteme al cielo!”. Nadie va a ir al cielo por quemarse vivo, nadie va a ir al cielo por sacar una moneda y dársela a un limosnero y creer que con eso se ganó el cielo, nada de eso salva.
  Nuestra naturaleza nunca dejará de ser barro, por lo tanto, aquí es donde entran las lecciones espirituales en ese sentido para nosotros, no podemos fiarnos de esta naturaleza, esta es traicionera. Nunca se confíe en su carne, confíe en el poder y en la Palabra de Dios. Acuérdese que todos somos polvo y, por lo tanto, hay una tendencia a la torcedura, a errar el blanco. Como polvo, como barro, fuimos destruidos por el diablo en el pasado y así vinimos al Señor; por eso nunca vayamos a poner la bendición como que ya traspasó ese umbral porque estaría olvidando el aspecto principal de su vida, y es que no nos podemos olvidar nunca de dónde nos sacó el Señor.
  II. El presente
  Si el pasado nos habla de nuestra naturaleza, el presente en relación con el barro, nos habla de nuestra esperanza, nosotros estamos aquí en Cristo porque Él nos ha ayudado hasta hoy. Hasta aquí el diablo no ha podido destruirle aunque seas barro, aunque estés en la representación del lodo en la mesa del alfarero. El diablo ha venido con todo pero no ha podido destruirle, no porque la fuerza radica en uno, no porque el perseverar sea una virtud propia de nuestro origen, ¡No! Sino porque Dios ha visto fe, aunque sea como un pábilo que echa humo, ya no tiene llama, ya no tiene tizón, ya no tiene casi nada, pero echa humito. Tal vez has estado así como un pábilo que echa humo, si fuera por el diablo el diría: “¡Ahí estoy yo y lo apago, y termino!” pero Dios le ha dicho: “¡No me soples nada aquí! porque mientras ese pábilo está echando un humito, allí va a pasar algo”, que eche el humito porque entonces el Señor si va a soplar, pero va a soplar para que se prenda la llama.
  Por algo el Señor nos compara con lámparas encendidas, por algo compara a la Iglesia como candelabros en medio de los cuales se mueve el cordero de Dios. Un pábilo que echa humo convertido en una ardiente lámpara, una caña cascada que hasta el viento la dobla y la quiebra, pero el Señor dice: “No, no me la quiebre, déjemela ahí que de esa yo voy a hacer una columna”. No somos nosotros, es el poder de Dios; quiere decir que Dios en el trabajo con nosotros, mientras estemos en sus manos, Él puede hacer cosas que son imposibles para el hombre, que a veces no tiene ninguna explicación.
  Todos podemos hablar mucho sobre Jacob, él era un hombre materialista, pero Dios no se avergüenza de llamarse “El Dios de Israel”, “El Dios de Jacob”. ¿Sabe cuánto tiempo le costó a Dios volverlo de una caña cascada a una columna? Un poco más de 20 años, lo mandó por allá, por la mesa del alfarero allá por Harán y allí lo molió, lo hizo mil pedazos, se volvió polvo nuevamente y luego empezó a formarlo de nuevo y lo formó en Bet-el, cuando él entendió que tenía que aprovecharla, por eso dijo: “No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32:26).
  Dios lo bendijo, y no se avergüenza de llamarse su Dios, que no se avergüence el Señor de nosotros como para decir: “Yo no me identifico con ese, porque lo que va a hacer es dañar, es oscurecer el testimonio del Evangelio”, más bien que pueda decir: “Yo soy el Dios de Francisco, el Dios de Fernando, el Dios de Pedro”, y que Dios pueda confiar y apoyarse en nosotros, ese es el presente nuestro, que Dios encuentre un punto de apoyo en este pedazo de barro.
  Cuando un alfarero ha trabajado una hermosa vasija y llega alguien y la ve y dice: ¡Qué linda vasija! ¡Qué tremendo alfarero el que hizo esta tinaja! Un alfarero que puso todo su arte, toda su habilidad e hizo de un pedazo de barro que no tiene mucho valor, en una obra de calidad. Lo que hizo el alfarero es trasladar todo el valor, remitir toda la gloria. Ahora, si alguien se encuentra un lingote de oro o de plata, pues tiene algo valioso; al barro nadie lo aprecia por el valor que tenga, pero cuando ve una tinaja muy linda, entonces dicen: ¡Qué tremendo alfarero!
  ¿Qué es lo que quiere decir eso? Nuestro presente, la voluntad de Dios ahora para nosotros no importa donde Dios nos ponga, es darle la Gloria al que vive para siempre. “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad” (Salmo 115:1); si Dios te ha bendecido, si te usa, si te ha dado talentos y recursos, humíllate en la presencia de Él.
  La otra vez que fui a Japón, un hermano me dijo: “Pastor vine a comprar motores aquí”, había llegado a comprar motores pero no uno ni dos, sino un contenedor, el los iba a vender a su país y me dice -Yo soy ahora empresario que vende motores y me ha ido bien, hace siete años yo no era esto, pensar hace siete años que yo iba a venir a Japón a negociar aquí; ¿Sabe quién era yo? – Me dijo – yo vivía en las cunetas de la calle, tirado porque era un alcohólico empedernido desde hacía décadas, desde joven – Yo me quedó viéndole y me dice – me convertí al Señor hace ocho años y mire donde estoy ahora, soy un empresario – Me dice – la gente me respeta, si soy un empresario, me codeo con gente importante - Me gocé tanto porque son las cosas grandes que Dios hace.
  Y yo decía: ¡Cómo este sujeto que hace siete, ocho años era un alcohólico que se tiraba en las cunetas de la calle porque no se valía ni por el mismo, ni la familia lo quería, menos la sociedad, ya no era apreciado por nadie y el Señor lo coge y lo levanta; se cumple la bendita Palabra, como dice el Apóstol Pablo a los corintios: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;  sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y  lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29). Quiere decir que lo que hay que hacer es darle la gloria a Dios.  Esa es la voluntad de Dios, hay que darle gloria a Dios en todo momento.
  III. El futuro
  ¿Qué puede reclamar el barro? ¿Puede decir algo el barro? No puede decir nada, lo único que puede hacer es estar en la mesa del alfarero. El futuro está en las manos del Señor, y cuando hablamos de futuro una vez más pasamos de perseverancia a esperanza, nuestro futuro no es incierto.
  Hay muchos que visitan a los brujos, ellos le sacan suerte a todo, hay gente que hace fila, presidentes, ministros de estados, tiene sus propios equipos de sortílegos, de adivinos, de magos, de hechiceros. Cómo puede ser que un creyente esté leyendo el horóscopo, y que compre llaveritos de su signo astrológico; nada de eso debe estar en la vida del cristiano, esos son terrenos donde el creyente no debe entrar ni por broma. Esta gente no sabe el futuro, sino que se colocan como instrumentos activos de Satanás para engañar al pueblo de Dios y al mundo entero, pero el verdadero creyente no podrá ser engañado.
  Una vez andando por la Plaza de la ciudad de La Paz, en Bolivia, me salieron dos gitanas al encuentro y me dice una de ellas – ¡Tengo un mensaje para usted porque le he visto unas líneas en la frente! – miré por donde salían, y le dije – Que casualidad, yo tengo un mensaje para usted también, es más se lo doy de una vez, ¡Cristo la ama y quiere libertarla de estas cadenas que la tienen atada, el único que puede sacarla de ahí se llama Jesucristo, el Salvador del mundo!- Y gritó y dijo – ¡Ay! Si son unos evangélicos – y yo le dije – Si, si, somos predicadores del Evangelio ¡Cristo la ama y quiere sacarla de ese engaño del diablo!
  Hay gente que engaña pero el que quiere dejarse engañar es cosa de él, pero nuestro futuro está en las manos del Señor. Si vivimos para Dios vivimos y si morimos para Dios morimos, somos de Él sea como sea. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39).
  Ese es nuestro futuro en las manos del Señor. Y en cuanto al futuro, el alfarero en su cuarto o en su taller, como le dijo el Señor a Jeremías: “Vete a casa del alfarero”.  Entonces Jeremías va a la casa del alfarero y ¿Qué es lo que ve? Que el alfarero está trabajando en la rueda, un instrumento que era generalmente muy rústico, dos ruedas de piedra, una abajo y otra arriba y como trabajaba con el barro, eso era lo que veía Jeremías. Vio cuando el alfarero trabajaba en el barro haciendo una pieza o una vasija. Se le echa a perder en sus manos y vuelve a hacer otra mejor todavía. “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?, dice Jehová. He aquí que como el barro en las manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6). No estamos aquí dando golpes al aire sin saber, sabemos en quien hemos creído.
  Una vez llamaron a un creyente ante el juez y el juez se burló de la fe del creyente y le dijo: “Entonces usted piensa que se va a morir y que Dios lo va a estar esperando allá en el cielo” y él le dice: “No señor, yo no lo pienso, lo sé”. El creyente tiene que estar seguro en Cristo, usted no va por la vida bamboleando, ¡No Señor! Aquel que ha creído en Cristo de verdad y que está sometido a su voluntad, sabe para donde va.
  Hay tres cosas en esa casa del alfarero, allí están. Lo primero que hay, es, esto es hacia el futuro, “el ideal del alfarero”. El no ve el pedazo de barro crudo, él está viendo más allá de eso, no está viendo un pedazo de barro como usted y yo podríamos verlo, Él está viendo una vasija que adorna un mueble de un palacio. Tal vez está viendo una pieza de arte que admirarán cientos de personas, está viendo una vasija donde habrá un tesoro guardado que era común guardarlo también guardarlo en vasijas de barro, tal vez un recipiente de agua fresca y cristalina, Él no está viendo el barro crudo, Él tiene un ideal, cada cosa que está haciendo con ese barro obedece al ideal que Dios tiene. Tenemos que permitir que Él haga lo que Él quiera. El ideal de Dios es el que necesitamos seguir, no el ideal nuestro, nosotros si podemos equivocarnos pero Él no se equivoca.
  Lo segundo es “la rueda”, la rueda que da vuelta, eso es esencial para un alfarero, eso es básico. Pone el barro en la rueda y comienza a dar vueltas el barro después de un proceso de preparación y después que empieza a dar vueltas llega un momento dado, él le echa agua, según lo que él considera y empieza y ya hay una forma, ya empieza a tomar algún perfil, pero para eso sabe que se necesita, que de vueltas. ¡Qué bueno es eso de las vueltas que Dios nos da! Hay gente que quiere cansarse, aquí estamos en perseverancia, hay gente que dice: ¡Ay, lo mismo de la convención pasada! Y no se da cuenta que esas revoluciones que Dios da es para irle dando forma, esto de los cultos no es un invento de ningún pastor ni de ninguna organización, esto es lo que Dios instituyó. ¿Qué hacemos en un culto? Llegamos, nos arrodillamos, oramos, adoramos, cantamos, oímos la Palabra, la leemos y luego salimos y nos despedimos y ¿Qué hacemos al día siguiente? Pues, venimos al culto otra vez y Dios está ahí en la rueda, dando esa revolución que nos va dando la forma. No puedes cansarte de la revolución del Espíritu Santo.
  Hay gente que dice: ¡Ay lo mismo! Y ¿Qué es lo que quiere ver? Un show, ¡No! aquí no hay show; ¿Un cantante raro y que le pongan su reggae? No, no, no, aquí no, aquí alabamos a Dios, no venimos a exhibir el barro, queremos exhibir y adorar al Alfarero. Para eso venimos, esa prueba que dura, esa prueba por la cual clamamos y no se va, algo tiene Dios, nuestro futuro está en las manos del Señor, deje que la rueda siga dando vueltas una y otra vez porque Él está aplicando una forma, quiere encontrar algo, Él tiene un ideal y está aplicando la esencia del trabajo del alfarero que es la rueda. No podemos cansarnos, hay que perseverar hasta el fin, esta no es una carrera de 400 metros que se da con todo, esta carrera no es de 800 metros, esta es como una gran maratón de 42 kilómetros; un toquecito más que caminar nada más, esto es esfuerzo y valor.
  Hay un tercer elemento en la casa del alfarero respecto al futuro y sabe ¿Qué es?, “las mismas manos del alfarero”, el toque, porque sin ese toque no sale nada, allí está el barro, ahí está la rueda, ahí está el ideal, pero llega el momento en que el alfarero empieza a trabajar con su mano, a veces aprieta el barro. ¿Qué quiere hacer? Una vasija, bueno hay que apretar el barro, tal vez con el puño para hacer el hondo de la vasija; aprieta, y en la apretura el barro comienza a torcerse, pero él viene y lo arregla o coge la uña y hace así ¡Crack!, y hiere el barro, pero al fin de cuentas eso es lo que se llama en el arte “El vivo de la pieza” es la rayita de la pieza y a veces le pone dos o tres rayitas para que no sea liso, porque también el Señor tiene ese sentido del arte en nosotros, pero eso corta, cuando aplica la uña hiere el barro pero está haciendo algo.
  La voluntad de Él es hacer algo que valga la pena. Esa es la voluntad del alfarero, Él quiere hacer algo así, con algunas curvas, o alargada, o achatada, es decir que Él busca el ideal, pero es absolutamente necesario el toque de Dios. ¡Qué bueno es el toque de Dios! Aunque Él nos apriete, aunque a veces nos quiebre, aunque a veces nos corte, pero es como ese cirujano que cuando tiene ese paciente dormido allí el paciente no puede decir: ¡Oye, oye no cortes por ahí! Él no puede decir nada porque está anestesiado, no puede reclamar, no puede despertarse, no puede sentir nada porque él está totalmente ajeno en las manos del cirujano.  Aquí no es el cirujano, aquí es el Señor, es el alfarero, el barro no puede decir nada si él quiere hacerle un quiebre, le hace un quiebre y aunque usted diga: ¡Ay!  Al final va a salir algo positivo.
  Uno no se puede salir de la mesa del alfarero, pero, ¿Sabe usted que se puede echar a perder? En un momento dado el alfarero le aplicó una presión y se torció. Qué hizo él, cogió masa de barro y lo tiró, allí es donde Dios trabaja, aún con el caído, con el descarriado, el puede dar oportunidades. Dice la escritura: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal”, Proverbios 24:16.
  Si Amado lector, un justo puede en un momento dado no aguantar el proceso de la mesa y dañarse, pero el poder de Dios es suficiente. Por eso les decimos hoy, ya que algunos andan descarriados, tal vez estás caído, hoy el Señor te hace de nuevo. Puede hacerte una vasija mejor todavía de lo que eras antes, pero tienes que depositarte en las manos del Señor para que Él haga esa obra.
  Muchísimas veces decimos: ¡Alabanzas al que vive! Bueno, el nombre “Alabanza” es lo mismo que decir: “Judas”. Pero nadie quiere ponerle a su hijo Judas ¿Verdad? Pero la verdad es que Judas era una vasija de valor que se echó a perder, él vio milagros, anduvo con el Señor, fue parte de todos esos milagros, porque Dios le dio poder a los doce discípulos y allí estaba Judas también. Judas era una vasija que el Señor estaba trabajando, le dio oportunidad. Como se la dio al profeta Balaam, cuando el Señor le dio permiso a este profeta de ir donde Balac, rey de Moab, y después el ángel de Jehová le salió al encuentro. Es que el permiso de Dios no quiere decir, que, estaba de acuerdo con lo que él tenía en su corazón, el permiso era para probarlo, para ver si él decía: “¡No! no voy a ir porque tengo en la mente maldecir y yo no puedo maldecir”.
  A Judas lo pusieron de tesorero, ninguno tuvo mejores oportunidades que Judas, pero no las aprovechó y ya ustedes saben lo que pasó. Una vasija desechada, precisamente lo que se adquirió con ese cuadro de la destrucción de Judas fue un campo llamado “el campo del alfarero” y se llamaba así no porque había vasijas útiles, sino porque era el lugar donde botaban los desechos, lo inservible de la alfarería, ya el barro y ya las tinajas y vasijas que no servían y que no tenían remedio, allí las hacían pedazos y las arrojaban porque ya no servían.
  Yo quiero estar en la mesa del alfarero, no quiero estar en el “campo del alfarero”, que luego se convirtió en el “campo de sangre”, campo de muerte y de destrucción, hoy el Señor te muestra su voluntad, a cuál lugar quieres ir, ¿Quieres ir a la mesa del alfarero? Como pueblo de Dios, como barro en las manos de Él, que aunque se echa a perder en un momento dado, todavía hay esperanza o ¿Quieres ir al campo del alfarero? Donde hay muerte y destrucción.

La Voluntad de Dios

La Voluntad de Dios

Rev. Rodolfo González Cruz
“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, Juan 5:30.
Jesús dijo: “No busco mi voluntad”, Él no vino obligado a la tierra, Él vino para hacer la voluntad del Padre. Jesús dice: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:16-17). Amados, la Palabra de Dios tiene un poder extraordinario y si queremos hacer la voluntad de Dios tenemos que conocerla. Nunca podremos conocer la voluntad de Dios si no conocemos la Palabra del Señor.
  Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, los creo para alabanza y gloria de su nombre. Yo aprendí de un misionero puertorriqueño que era un hombre lleno del fuego de Dios que decía: “Cuando el gallo no canta, algo tiene en la garganta”. Cuando un creyente no abre su boca para alabar y glorificar a Dios algo tiene en el corazón, porque si Cristo vive en el corazón, las alabanzas tienen que brotar en forma espontánea y voluntariamente. Si usted es salvo, alábele a Dios, no lo haga por presiones, hágalo porque realmente tiene al Señor en su corazón.
  En verdad, es triste ver tanta gente que no conoce la voluntad de Dios, pero más triste y más doloroso es todavía ver personas que en otro tiempo estuvieron haciendo la voluntad de Dios, pero que hoy estén totalmente fuera. La voluntad de esas personas está dominada por sus deseos, sus ambiciones, sus planes, sus proyectos personales. Jesús dijo: “Si alguno quiere ser mi discípulo…”, tiene que ver con obedecer la Palabra de Dios y hacer la voluntad de Él.
  Algunos creen ser muy inteligentes y ven las cosas según su capacidad mental, según sus estudios, según opinión de ciertos filósofos y escritores importantes; con esas ideas y esos libros llegan a tener opiniones personales. Y dicen: “Yo opino diferente, yo creo en Dios pero no así con ese fanatismo”, ¿por qué? Porque se creen sabios y muy capaces, hasta el día que el Señor les diga “necio, esta noche pido tu alma para que vengas a rendir cuentas; ¿qué vas a hacer con toda esa literatura que te envenenó, que te dañó, que te alejó de mi voluntad?”
  Tenemos gente en las Iglesias que tienen la Biblia, hablan lenguas, y hasta profetizan, pero no hacen la voluntad de nuestro Padre Celestial. Mientras no nos humillemos, no nos dobleguemos, no muera nuestro yo, y le pongamos obstáculos a Dios, no podremos vivir en la voluntad de Él. Cuando dices: “Yo no puedo por muchas cosas”, pero si puedes dedicarle tiempo a cualquier otra cosa, menos a Dios. A Él le agradamos cuando nos rendimos incondicionalmente. Dios cuenta contigo, Él quiere usar tu vida.
  Jesús dijo: “Porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30). Siendo Dios se humanizó, y fue atacado por Satanás, lo atacó para doblegarlo. Pero el Hijo siempre se sometió a la voluntad del Padre y no le permitió ni un milímetro al diablo. ¿No sé cuántos centímetros o pulgadas le ha concedido al diablo? A él no se le puede conceder ni un milímetro. ¿Está usted obedeciendo lo que dice la Biblia? Algunos dicen: “Esto sí puedo hacerlo, pero esto no, porque soy joven todavía”.
 
Joven fui y he envejecido, y el trato que se me ha dado (de búsqueda, de ayuno y de oración; de estudiar, de obedecer y someterme a la Palabra de Dios), es lo que hace que me mantenga firme en la voluntad de Dios. Hay líderes que dicen “a los jóvenes hay que darle otro trato”, eso ha sido la peor desgracia. Hay los que no obedecen la Palabra, y se atreven a orar y ayunar, a ellos se les mete espíritu de error (demonios), y se vuelven falsos profetas entregando falsos mensajes. Conociendo y obedeciendo la Palabra no habrá demonio que venga a engañarnos. Fue con la Palabra que Cristo hizo huir a Satanás.
  Hoy, el llamado “pueblo cristiano” no ayuna, no ora y no lee la Biblia. Un creyente que no puede orar y no puede quebrantarse, está derrotado. La Biblia dice: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hebreos 13:7). Observar la conducta de vuestros pastores, ¿cómo están vuestros pastores? ¿Trabajando mucho? ¿Comiendo mucho? ¿Viendo mucha televisión?, los pastores son el ejemplo para las congregaciones.
  Hay líderes que no pasan una noche entera orando de rodillas, clamando y llorando por sí mismos, por su casa, por la congregación que dirigen, ¡no lo hacen! ¿Cómo va a haber un avivamiento? La única forma de contemplar la gloria de Dios, y ver grandes milagros y grandes señales, y que los ángeles desciendan, es que nos pongamos a buscar de Dios, y que podamos sentir realmente al Espíritu Santo moverse entre nosotros. Hay hermanos y hermanas que oran, y ayunan, y leen la Biblia más que los mismos líderes, qué vergüenza para esos pastores.
Para hacer la voluntad de Dios tenemos que orar y llorar. Si usted está en comunión van a ocurrir cosas grandes y maravillosas, tiene que entrar al Lugar santísimo. Cuando Cristo murió en la cruz del calvario, “el velo del templo se rasgó por la mitad” (Lucas 23:45), ese velo separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, y solamente el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo. Ahora como sacerdotes de Cristo, podemos llegar a ese lugar a clamar y a gemir a través de nuestra oración, hagamos que el brazo de Dios se mueva a nuestro favor.
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”(Lucas 9:23). No carguemos la cruz ni en el cuello ni en el hombro, como aquella ancianita que escuchó al pastor que decía que hay que cargar la cruz, ella se fue e hizo una cruz y la cargaba por todo el patio, creyendo que así podía entrar al cielo; hay que cargar la cruz del sacrificio, del sufrimiento, del padecimiento, de entrega, como el mismo Jesús se entregó a sí mismo, y se entregó estando limpio y sin pecado.
Dios hizo perfectos a Adán y a Eva, no tenían un arrastre pecaminoso, porque ellos vinieron del Padre; Dios los puso en un huerto de cientos de miles de hectáreas, entre el Río Éufrates y el Río Tigris y tuvieron muchos privilegios. Dios los visitó, los orientó, el Señor venía todos los días y hablaba con ellos y les preparó un ambiente maravilloso. “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, Génesis 2:16-17.
Tenemos muchos árboles de los cuales comemos, y otros que no debemos comer porque son dañinos a nuestra salud espiritual. He llegado a casa de pastores que prenden el televisor, se supone para ver noticias, pero lo que ven son mujeres desnudas bailando, series horribles, y ahí están como si nada; eso son los árboles de los que no debemos participar. De cuántas cosas participan los creyentes que hasta dejan de ir al culto por ver un partido de fútbol o de béisbol; hasta conocen los nombres de los futbolistas y de los artistas.
Cristo vino y dio su vida por todos, nos limpió de todos nuestros pecados, ¿para qué nos limpió? Para dejarnos libres de toda carga, de toda presión, de toda tentación, de todo aquello que pueda subyugar nuestra voluntad, para que nosotros en esta santificación podamos resistir toda tentación, todo embate del enemigo y derrotar al diablo. Jesús dijo: “Por cuanto yo he vencido, también ustedes vencerán”, esa es la promesa de Dios para que nuestra voluntad esté subyugada a la Palabra de Dios, por cuanto Él venció nosotros venceremos.
En cierta ocasión una mujer me dijo: “Pastor, usted habló que cuando tuviera una situación por difícil que sea, que clamara al nombre de Jesús y pusiéramos al diablo bajo nuestros pies; yo tuve una situación bien difícil y clamé a Jesús y puse al diablo debajo de mis pies y lo derroté”. Aquella mujer no estaba entregada al servicio del Señor, si ella hizo eso, cuanto más usted que ha sido lavado por la sangre de Jesucristo; puede vencer la tentación y las ofertas que vengan; someta esa tentación, someta al diablo bajo sus pies en el nombre de Jesús.
“La voluntad de Dios es vuestra santificación”(1 Tesalonicenses 4:3). Santificación es entrega y consagración a Dios, a la voluntad de Dios. Cuando uno dice: “Yo no lo voy a hacer, yo no lo hago”, entonces el Señor no estará para respaldarnos. Nadie va a vencer si no nos metemos en ayuno y en oración continuamente; eso no es por un día, ni por una semana, eso es todos los días. Usted desayuna y almuerza todos los días y si no desayuna toma más tarde un lonche, pero todos los días tenemos que comer, todos los días tenemos que hacer la voluntad de Dios.
  La voluntad de Dios es que oremos, que leamos su Palabra y que la vivamos, para que la obedezcamos. El Señor dijo: “No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre” (Mateo 7:21). La voluntad del Padre es que obedezcáis la Palabra, en otra parte dice: “El que no me ama, no guarda mis palabras; y las palabras que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”(Juan 14:24).
 
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”(Mateo 7:22-23). ¿Cómo Señor? Tú no te acuerdas de mí, si son tantos años que yo llevo en tus caminos, yo recibí el bautismo del Espíritu Santo, yo oraba por los enfermos y se sanaban, era evangelista, yo llenaba estadios, hice muchos milagros y hasta profetizaba. El Señor le dirá: ¡Nunca te conocí!
  La epístola de Judas verso 4 nos dice: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente… hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios”, personas que estaban destinadas a la condenación eterna y entraron a la iglesia y se hicieron importantes, se hicieron pastores, presbíteros, oficiales; eso no es nuevo porque ha pasado en todas las congregaciones y a través de la historia. Lobos rapaces que dentro comienzan a meter cizaña y a relajar la Palabra, la sana doctrina.
  “Preguntad por las sendas antiguas (donde está la voluntad de Dios), cuál sea el buen camino, y andad por él” (Jeremías 6:16), no es la senda nueva que algunos quieren inventar, gente sin experiencia, sin madurez, sin testimonio, sin entrega. No vayan a hacer como hizo Roboam que consultó a los ancianos, y cuando fue a los jóvenes les dijo: “Les he preguntado a los ancianos pero ellos dicen esto, aquello y lo otro”, y los jóvenes le dijeron: “No les hagas caso a esos viejos porque ya están fuera de sí, escúchanos a nosotros” y añadieron: “Haz así y di así”.
  ¿Qué le pasó a Roboam? Se le dividió el reino de Israel, acabó el reino, se quedó con una parte. No desechemos el consejo de los ancianos y no digamos: “No, porque ya está viejo, vamos a buscar gente nueva”, aunque hay gente nueva de calibre y esos los quiere el Señor en su obra. Llega el momento que ya no podremos seguir nosotros, pero ¿quiénes son los que van a sucedernos? ¿Serán ustedes? Necesitamos gente de firmeza. ¿Quiénes serán los que tomarán las riendas para que la obra pueda continuar hasta que Cristo venga?, pues la gente nueva.
  La Palabra profética nos dice que: ¡Cristo viene pronto!, pero esta obra no puede caer en manos de líderes que hacen cualquier cosa por quedar bien con todos, que son amigos de todo el mundo. Es mejor no ser amigo de todo el mundo. Si predicamos la doctrina como es, vamos a tener opositores, vamos a tener quien se levante contra nosotros. Pero la Palabra es más poderosa, la doctrina es más firme, hacer la voluntad de Dios es lo más grande y lo más hermoso. Dios está buscando un pueblo que haga su voluntad. Amén