jueves, 16 de agosto de 2012

Sinaí Santiago

Sinaí Santiago Díaz, la irrefutable prueba de la grandeza del Señor. La ciencia se rindió ante el crítico cuadro clínico que acompañó su existencia. Pero volvió de la muerte para testimoniar que nada es imposible para el Todopoderoso y multiplicar la Obra de Dios.

Cuando usted terminede leer esta semblanza habrá conocido la existencia de un defensor de la Palabra del Todopoderoso. Un luchador que, tras derrotar de forma milagrosa a los males físicos que mantuvieron en jaque su existencia y lo llevaron hasta la muerte, fue el símbolo del poder de Dios y la fe cristiana. Un hombre que en los últimos 28 años de su vida maravilló a la medicina, la ciencia y a millones de hermanos que conocieron, vieron y oyeron su espléndido testimonio de sanación y redención.
Fue hace 31 años, en 1980, cuando Sinaí Santiago Díaz, nacido el 26 de octubre de 1950, se convirtió en una prueba viviente de las grandes cosas que el Señor puede realizar en la vida de todo aquel que cree en su Palabra. Entregado a los caminos mundanos, con un cuerpo deslucido y famélico, atravesó la finísima línea que separa la existencia de la muerte y regresó airoso de las tinieblas por voluntad del Altísimo que lo bendijo con el milagro de la vida. El prodigio ocurrió en su natal Puerto Rico y determinó la transformación de un pecador en un varón del Señor.
Sinaí bordeaba los treinta años, once de ellos sufriendo un trastorno del esófago poco común llamado acalasia, que le impedía alimentarse con normalidad, y había sido condenado a muerte por el conocimiento terrenal. Tras ser declarado cadáver, y transferido a la morgue del hospital en el que se encontraba, el Eterno Dios cambió su destino y le encargó la misión de convertirse en señal humana de su grandeza.  El día de su histórica vuelta a la vida, luego de haber conocido desde muy niño acerca de Jesús pero nunca aceptarlo como su Señor, su clamor, y el de toda su familia, fue atendido desde los cielos y determinó la llegada de un nuevo hijo al Evangelio.
Pero, ¿cómo, cuándo y dónde empezó la milagrosa historia de Sinaí Santiago? Dedicando gran parte de sus días mundanos a la hojalatería y la pintura de autos, este hombre de profundas convicciones cristianas, tuvo su primer acercamiento con la Iglesia a la edad de 15 años. En Bayamón, un municipio costero de Puerto Rico, congregó por algún tiempo en el templo Defensores de la Fe. Fueron apenas unos meses que sembrarían el temor y amor por Dios.
Tiempo después, y luego de unir su vida con Norma Santiago López, el 15 de febrero de 1969, al hermano Sinaí se le diagnosticó cáncer al esófago y se le pronosticó una muerte segura a corto plazo. Sin embargo, cuando todo apuntaba a un rápido deceso, el Señor irrumpió en su presente y lo restableció ante la sorpresa de los médicos y especialistas del Centro Médico de Río Piedras, en San Juan (Puerto Rico), y la felicidad de Rosa María Díaz, su madre, quien había entregado su existencia al cristianismo unos meses antes. Fue el primer llamado de Cristo no atendido por Santiago y es que tras recuperar la salud reinició su vida secular.
Posteriormente, en 1975, volvió a sucumbir ante los males físicos. Acariciado una y otra vez por la gracia del Señor, pero dedicado de forma exclusiva a luchar diariamente para subsistir junto a su mujer y sus hijos, Leslie Marie y Adalberto, fue internado en el Hospital Regional de Bayamón de nuevo por problemas en su esófago. Sus constantes negativas a las exhortaciones del Todopoderoso, que le llegaron a través del Pastor Samuel Rodríguez, de sus familiares más cercanos y de otras personas, lo dejaron al borde de la muerte. Sin embargo, como en la anterior oportunidad, salió bien librado de los inconvenientes de salud por obra del Padre.
Después, en 1980, cuando creía que tenía controlada la enfermedad que lo aquejaba, Sinaí debió pasar por una prueba enorme y durísima impuesta por Dios. Un buen día, su primo Víctor Santiago, cansado de su egocentrismo y su desprecio por el Altísimo, le aseguró que oraría para que Jesucristo lo volviera a poner a prueba. El anuncio se cumplió y de forma muy dramática. Al pasar unos chequeos de rutina fue víctima de mala praxis por parte de un galeno inexperto, quien lo deportó con sus malas artes al abismo de la defunción.
 
Los médicos decretaron que había llegado su hora final, pero él, al verse conducido a la morgue, en un rapto extremo de conversión gritó con todas sus fuerzas: “Jehová es mi pastor; nada me faltará... Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Santiago afirmó en su paso por Perú, en la XIX Convención Nacional del Movimiento Misionero Mundial, en enero de 2008, que entonces retornó a la vida ante la conmoción generalizada. De inmediato, una gratitud casi natural lo llevó a entregarse a Dios, mientras su mujer hacia lo mismo debajo de un árbol a las afueras del nosocomio. En seguida, contó su verdad a la hermana Isabelita Falú y selló su unión al pueblo de Cristo.
 
En 1981, ya junto a Dios, levantó una Iglesia en el Barrio Galateo, del municipio de Toa Alta, uno de los más antiguos de Puerto Rico, y al poco tiempo se integró al Movimiento Misionero Mundial y llegó a convertirse en Pastor. Estudioso de la Biblia, inteligente y amable como ningún otro siervo del Señor, el Rev. Santiago atendió, de forma paralela, los campos de los barrios Limón y Palmarito del Municipio Corozal, en la región central portorriqueña, y durante una década engrandeció con su esfuerzo, dedicación y pasión la Obra del MMM y se proclamó como un defensor firme del cristianismo. Una labor que aún hoy, después de muchos años se valora y destaca como única.
 
Su trabajo al servicio del Creador prosiguió a partir de los noventa en la zona costera de Manatí, conocida por ser el centro de la piña de Puerto Rico, donde bajo su liderazgo la Obra ganó rápidamente espacio  y amplió su red de iglesias en beneficio de la salvación de un sinfín de almas que al conocer su testimonio no tardaron en convertirse. Después, en 1997, los Oficiales del Movimiento lo designaron Supervisor Nacional de su país en virtud a su prolija y fructífera labor. En tanto que en 2003 y 2004 fue nombrado Supervisor Misionero en República Dominicana y Haití y en 2005 fue nombrado Supervisor Nacional de República Dominicana.
 
Sinaí Santiago Díaz fue en resumen un hombre de Dios que luchó a favor de la consolidación de la Obra  y de la gloria del Todopoderoso por intermedio de un testimonio de vida milagroso y sólido que supo llegar a Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Haití, República Dominicana y a diferentes partes de los Estados Unidos y se extendió por toda la red de hospitales de Puerto Rico y al resto del mundo. Una prueba palpable del poderío del Señor, que se marchó al cielo el 16 de septiembre de 2008, pero que dejó detrás de sí una estela de compromiso digna de imitar e igualar.
 
El mejor regalo de Dios

Me quedaría corta en palabras para describir todo lo que representó para mí el hermano Sinaí Santiago. Como amigo, esposo y Pastor fue lo mejor que tuve en mi vida. Fue, sin duda, el mejor regalo que Dios me hizo a lo largo de mi existencia. En lo individual, se destacó como una persona de gran inteligencia y trabajador indesmayable. Asimismo, agregaría que él, desde su conversión al evangelio, se entregó en cuerpo y alma al Movimiento Misionero Mundial y puedo dar testimonio de lo mucho que amó la Obra de Dios.
 
Sus principales logros para la gloria del Señor estuvieron ligados a los pueblos de Puerto Rico, Haití y República Dominicana. En estos tres países, donde gracias a su empuje y dedicación se edificaron un sinnúmero de iglesias y templos, su profundo amor por el Creador y su defensa inquebrantable de las Sagradas Escrituras lo llevaron a ser fuente de inspiración para miles de inconversos que al conocer su testimonio no tardaron en aceptar a Dios como su Salvador.

Examen de la Fe de Abraham


El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? – Romanos 8:32.
Siempre leo con emoción estas líneas de la Biblia: “Probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo…” (Génesis 22:1-2). ¿Estas líneas justifican el sacrificio humano? ¡No! Toda la Biblia lo condena firmemente. En el caso de Abraham, Dios le dice claramente: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada…” (v. 12).
 
Entonces, ¿Cuál es el sentido de esa escena? Es un examen de la fe de Abraham, y también una imagen sorprendente de la cruz del Calvario. El Señor Jesús es el Hijo Unigénito, aquel a quien el Padre ama. Él fue el sacrificio, “el Cordero de Dios” (Juan 1:29). La obediencia de Isaac evoca la de Jesús: “No lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14:36). Pero en contraste con Isaac, quien simplemente se sometió, Jesús se presentó voluntariamente a Dios: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:9).
 
A diferencia de Isaac, quien no sabía lo que su padre iba a hacer, “Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó” (Juan 18:4). En contraste con el grito del ángel que detuvo la mano de Abraham, no se oyó ninguna voz para desviar el juicio que debía caer sobre el Hijo de Dios. De forma simbólica, Isaac resucitó, pero Cristo resucitó verdaderamente, y nosotros nos beneficiamos de ello.
 
Fuente:amen-amen.net

miércoles, 15 de agosto de 2012

Una fundación invierte millones de dólares para estudiar la eternidad


 John Martin Fischer, es un filósofo de la Universidad de California en Riverside que no cree en la vida después de la muerte. Pero eso no ha impedido que el Dr. Fischer recibiera de la Fundación John Templeton, cerca de 5 millones de dólares para llevar una “investigación multidisciplinaria sobre la inmortalidad”, proyecto que fue bautizado con ese nombre.
Los fondos para esta investigación académica pretenden mostrar, dentro de tres años cuestiones tales cómo la creencia en la vida después de la muerte influye en el comportamiento humano y también como las “experiencias cercanas a la muerte” son vistas por las diferentes culturas.
En los Estados Unidos, por ejemplo, muchos de los que afirman que han pasado por esas experiencias afirman haber visto un túnel con una luz al final. Para los japoneses, estas experiencias envuelven muchas visiones que se asemejan a la apariencia de un jardín.
El “Proyecto Inmortalidad” está abierto para que sea producido por filósofos, teólogos y científicos. Se hace enfasis en proyectos interdisciplinarios que serán subvencionados que varían de 100 mil a 250 dólares. Para esta investigación que durará 3 años habrá dos conferencias anuales y un sitio web.
Aunque Fischer, se considera que “no es una persona religiosa”, señala que la inmortalidad del proyecto no tratará de demostrar o refutar si hay vida después de la muerte. “Vamos a hacer un trabajo científico serio. No vamos a examinar los informes de abducciones extraterrestres y esas cosas… espero lo que vayamos a estudiar lo podamos demostrar científicamente”.
Los temas incluyen en el estudio de las estructuras cerebrales que puedan predisponer a la gente a creer en la vida después de la muerte y las personas que creen en la vida después de la muerte son más propensos a seguir ciertas normas morales.
Al mismo tiempo, el Departamento de Matemáticas del Calvin College, está buscando a investigadores que estén dispuestos a escribir sobre “El azar y la Providencia Divina.” Los proyectos están también financiados por la Fundación John Templeton, los elegidos recibirán una beca de hasta 200 mil dólares.
Traducido y adaptado por NoticiaCristiana.com de Urban Christian News y Gazeta do Povo

¿Por qué es Necesario Creer?

 El hombre(no alcanza)a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. –Eclesiastés 3:11.
Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. – 1 Tesalonicenses 2:13.
A veces, en los raros y efímeros momentos de felicidad o abrumados por un intenso dolor, nos sentimos ante la profundidad del misterio de la vida. Y no sólo de la nuestra, sino también de la de las personas que nos rodean. Ese misterio de la vida, así como el del universo entero, es infinitamente más grande que todo lo que podemos comprender.
No se pueden resolver las preguntas más profundas sobre nosotros mismos, sobre nuestra vida y nuestras decisiones por medio de una ecuación matemática. A pesar de lo que repiten algunas ideologías, anuncios publicitarios, y pese a los conocimientos científicos más avanzados, no hay ningún método humano que pueda penetrar en el secreto de la vida e indicar las sendas de la verdadera felicidad.
Nadie podrá jamás explicar qué es la vida, la alegría y el amor verdaderos. Pero lo que nosotros no podemos comprender, Dios lo conoce perfectamente. ¿Y quién puede explicárnoslo, sino sólo Dios? Él lo ha hecho, y para aprender de él hay que creerle. Al recibir sus palabras, tal como la Biblia las presenta, usted descubrirá poco a poco el sentido de la vida en la tierra. Se convencerá del amor de Dios, un amor que nos supera; y aprenderá a conocer a Jesús, no como un personaje histórico, sino como un Salvador viviente, que nos ama y nos conduce a Dios.
 
Fuente:amen-amen.net

martes, 14 de agosto de 2012

Agua de la Roca


“He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová…” Éxodo 17:6-7.
El pueblo de Israel, debido a su temor y ansiedad, "tentaron a Jehová" (Éxodo 17:7). Airados, y temiendo morir de sed en ese desierto caliente, amenazaron con apedrear a Moisés. La crisis apenas se describe en sus rasgos esenciales, pero el momento sin duda fue crucial. Quedó por cierto marcado en la historia del pueblo. Siglos más tarde, el Señor recordó a Israel este acontecimiento, por medio del salmista David: "En la calamidad clamaste, y yo te libré; te respondí en lo secreto del trueno; te probé junto a las aguas de Meriba." (Salmo 81:7).
 
Durante la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de un pequeño poblado en la isla de Bougainville, desmejoraron en forma alarmante. Japón controlaba las islas del norte del archipiélago de las Salomón. Como estaban escasos de alimentos, invadían los huertos locales tan pronto como los productos comenzaban a madurar. Cuando comenzaron a darse casos de combate entre los habitantes locales y los invasores, los aldeanos comenzaron a temer por sus vidas. Los dirigentes cristianos recordaron una alta meseta situada en una de las cadenas de montañas. Una noche, los habitantes de la aldea desaparecieron en la jungla sin hacer ruido. La fortaleza de la montaña los mantuvo escondidos, y parecía que sus provisiones les durarían hasta que sus hortalizas y sembrados les comenzaran a producir.
 
A medida que la estación seca avanzaba, la provisión de agua comenzó a escasear. Los aldeanos buscaron una vertiente, y encontraron un lugar húmedo al pie de una pared rocosa. Se reunieron alrededor, y oraron para que saliera agua de la roca. Cuando terminaron de orar, contemplaron asombrados cómo la humedad aumentaba en forma paulatina, y luego la roca comenzó a gotear. Pronto todos pudieron comenzar a llenar de agua sus jarrones. Durante más de dos años, esa vertiente continuó goteando sin cesar; suplió así todas sus necesidades.Jesús vio su oportunidad en la desesperanza humana. Los que no podían hallar esperanza para si mismos, encontraron esperanza en Él.
 
Tenemos el derecho de buscarle cuando estamos en dificultad. El agua que fluye en respuesta a nuestra necesidad puede ser tan práctica como las aguas de Horeb, que calmaron la sed del pueblo, o tan intangible como el reavivamiento de nuestra fe y la renovación de nuestra esperanza.

"Aquel en quien mora Cristo tiene dentro de si una fuente eterna de gracia y fortaleza".



Fuente: Movimiento Misionero Mundial


Visitenos en:
http://www.betheltv.tv
http://www.bethelradio.fm
http://www.mmmperu.org
http://www.impactoevangelistico.net


 


Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. - Lucas 11:4.
Sed benignos unos con otros… perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. – Efesios 4:32.
  Cristo padeció por nosotros… cuando le maldecían, no respondía con maldición
Esta petición no se refiere al perdón judicial de la pena del pecado (este perdón se obtiene por la fe en el Hijo de Dios). El mensaje esencial del Evangelio es que Jesús pagó la deuda de nuestras ofensas. No necesitamos suplicar para obtener el perdón, pues basta reconocer nuestras faltas y acudir al Señor.
 Aquí se trata del perdón paterno, necesario si queremos mantener la comunión con nuestro Padre. Si los creyentes no están dispuestos a perdonar a los que les ofenden, ¿cómo pueden esperar tener comunión con su Padre, que les ha perdonado libremente sus ofensas? 
Al ser los beneficiarios del perdón de Dios, está claro que debemos perdonar a aquellos que nos ofendieron. ¿Cómo hacerlo? No podemos negar el hecho, ni aun reconciliarnos sin tratar el problema a fondo. ¿Qué hacer? Dirijámonos a los que nos ofendieron, en humildad, dispuestos a reconocer también nuestros propios agravios. Dar este paso no es muy fácil, pero es el camino que nos enseña la Biblia para tratar de volver a tener paz con nuestros familiares, nuestros hermanos en la fe y los que nos rodean. “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:16-21).
Fuente :amen-amen.net

martes, 7 de agosto de 2012